4/2/10

El ascensor. Parte 1

El ascensor

I

Juan se levantó de mal humor, se dijo pensando en él en tercera persona. Tenía jaqueca y le había costado levantarse. Durante la cena había discutido de nuevo con Vanesa, a quien el mes completo de vacaciones no le había alcanzado para relajarse. Marzo, y ya con estrés. A él tampoco le había servido estar medio verano en Pinamar, ni patear para adelante los asuntos pendientes que aparecían todos juntos, hoy.

Con el bolso de su notebook colgado al hombro salió al pasillo y llamó el ascensor. Automáticamente se miró en el triple espejo, pasando sus dedos por el pelo corto y canoso, haciendo tintinear las llaves del auto último modelo importado que guardaba en la cochera.

Hacía tres años que bajaba esos once pisos en ese mismo ascensor. Buscó un ángulo distinto y se apoyó en el espejo del fondo. Frotó su palma contra el frío pasamano. Era un tic que tenía desde chico: le gustaba la exploración táctil de los elementos que lo rodeaban, si eran fríos, mejor.

Desde esa posición, el triple espejo mostraba a un Juan multiplicado incontables veces, tanto si miraba hacia la derecha como si miraba hacia la izquierda. Por un segundo quedó hipnotizado con esa especie de pasillo multidimensional que se habría con el juego de los espejos enfrentados. En ese segundo pudo captar con el rabillo del ojo un movimiento ajeno a sus propios movimientos en uno de los múltiples Juanes, a unos diez Juanes de distancia, hacia la izquierda.

Es el estrés, pensó. Estoy imaginando cosas.

Sin embargo siguió notando algo raro y se animó a mirar directamente.

El Juan en cuestión no solo se movía con independencia sino que hablaba con alguien. Una mujer que se asomaba a lo que parecía la puerta de calle de una casa más que humilde.

- Ah, se terminó la garrafa, Juan. Dejame plata para comprar una.

- ¿Plata? ¿De dónde querés que saque plata, Agustina? Ayer te la dí toda para comprarles los útiles a los chicos. ¿Estás loca? ¡No puedo pedir más vales, estoy repasado, Márquez me va a echar a la mierda!

La puerta automática del ascensor se abrió y al mismo tiempo se esfumó la escena del Juan en bancarrota de jeans gastados y remera barata.

Juan, el auténtico, había llegado a la cochera.

- Es el estrés, no me cabe la menor duda. Tengo que relajarme.

II

Apenas puso los pies en la empresa, Juan se olvidó del suceso del ascensor.

Atendió docenas de llamadas e hizo otras tantas. Repasó los últimos detalles del viaje a China con su socio mientras almorzaban juntos. Hizo varios de sus chistes ingeniosos y dijo algunos piropos audaces a las mujeres hermosas con las que se cruzaba habitualmente. Sus negocios iban más que bien y eso le daba un aura de ganador todo terreno.

Convertirse en importadores directos para proveer a sus propios negocios había sido un acierto más de Juan. Pero era consciente de que eso no hubiera sido posible sin ese socio espectacular, ese ser de otro planeta que era a la vez el amigo incondicional, casi un hermano y tan ambicioso como él. Juntos habían construido un imperio comercial. De la nada. A puro golpe de suerte y de talento innato para transformar cualquier circunstancia en una oportunidad de ganar plata. A veces, mientras miraba a través del ventanal de su lujosa oficina en Madero, se distraía pensando en los vericuetos del destino. ¿Qué hubiera sido de su vida si en lugar de hacer lo que hizo se hubiera resignado a seguir trabajando para…¡Márquez!?. Ahora que lo recordaba, él había trabajado para un tal Márquez, hacía como veinte años. Y también había tenido una novia que se llamaba Agustina. Eso había sido a los veinte años de Juan. ¿Acaso? No. Sacudió la cabeza riéndose de sus delirantes ocurrencias. Lo que había visto en el ascensor no era real. Esas cosas no sucedían. Era el estrés, sin lugar a dudas. Tenía que tratar de relajarse.

A lo largo del día Juan actúo como siempre, con precisión y autocontrol.

Sin embargo y aunque él mismo se lo negara, esperaba con inquietud el momento de volver a casa y subirse al ascensor.

Continuará


2 comentarios:

  1. Anónimo7:39

    jijijij!!! Cómo estamos eh? Muy bueno!!!!
    Govenka

    ResponderEliminar
  2. Hola Lauris! Como andamos? El otro barrio está más concurrido, jeje! Aunque este es mucho más lindo. Besoooooooos

    ResponderEliminar

Gracias