14/6/10

Sincronicidad 6

Sincronicidad 
elco1
Del capítulo anterior- ¿No va a haber una más? Una chance más, digo-. Dice él y se le quiebra la voz.
- No. Porque esto va a doler ¿Sabés? No ahora. Ahora es dulce, es lindo, está bueno sentir. Pero a la larga termina doliendo. Y yo no quiero que duela.
- Si no duele tampoco se goza- dice él haciendo como que entendió- ¿Pasó algo jodido con tu viejo? ¿Me querés contar? – el diálogo interno era otro “no te vayas piba por favor no te vayas que puedo hacer para que no te vayas…”
- Chau.
- Chau. Sos muy rara vos. Todo esto es muy raro.
Capítulo 6
Tu problema
Maira se siente ridícula entrando con las botas en la mano y caminando en puntas de pié. Cualquier cosa es preferible a tener que dar explicaciones a Andrea en estas condiciones.
Es inútil. Ella parece que duerme con un solo ojo.
- Adonde fuiste-. Dice apareciendo en el pasillo con los brazos cruzados.
- Salí con una amiga. Hasta mañana.
Ella le impide el paso cruzando el brazo en el marco de la puerta.
- Vos no tenés amigas, no mientas. ¡Mirá como estás, hecha sopa! ¿Dónde estuviste? ¿En una plaza? ¡Con esta tormenta!
Y sigue. Es como la lluvia. No para más.
Maira mira al techo como implorando alguna intervención divina que sabe que no llegará.
- ¡Ya sé! ¡Ya sé! Ahora caigo, fuiste al recital ése, con el tipo ése.
Pronuncia “ése” con la nariz fruncida como entrando en el baño de una estación de tren suburbano.
-¿Cuál es tu problema, Andrea, me querés decir cuál es tu problema? Estalla.
- Mi problema no es mi problema. Vos estás loca y estás a mi cargo, así que es tu problema mi problema. ¿Vos viste lo que es ese tipo? ¡Tiene cuarenta años, es un fracasado, un vago, un…!
- ¡No hablo de eso! ¡No hablo de mi problema! ¡Hablo de tu problema conmigo, de tu problema de hace veinte años, de eso hablo!
Se superponen los gritos.
-¡¿No sabés cuál es mi problema?! ¡¿No te lo podés imaginar?!- grita Andrea mirando para otro lado.
- Si, me lo imagino. ¡Pero quiero que me lo digas de una puta vez por todas!Decímelo, carajo, decime que me odiás, pero decímelo de frente, mirame a la cara, mierda, y decime “te odio porque mataste a mi mama al nacer” porque eso es. Eso es lo que pensás. Que por culpa mía te quedaste sin mamá. ¡Decímelo! Y mirame. Capaz que hasta te hace bien si lo soltás de una puta vez.
- Ah, si, mirá vos. ¿Y vos que venís a ser, el psiquiatra acá? Nena, mejor resolvé vos lo tuyo con la muerte de papá y dejate de joderme la vida a mí. Yo nunca los jodí a ustedes dos ni tuve nada que ver con el accidente.
Maira traga saliva y abre los ojos.
-No podés decir eso. Vos estás más enferma que yo. ¿Y sabés qué? '¡Porqué no te vas un poco a la mierda!.
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Doce horas más tarde.
Que se quedó muy caliente no lo va a negar. No es para menos. La piba le gusta mucho. Menuda, poca carne, tetas mínimas, largas piernas. Es linda, pálida, fina. Pero hay algo más en ella que no es el cóctel gótico-dark que usa como fachada. El estuvo con muchas pibas así. Para algo tenía que servir estar en una banda de rock de fracasados. Y servía para tener muchas mujeres. Pibas y de las otras. Hay algo en ella que lo deja descolocado como un debutante. No es ni siquiera el guante negro en la mano derecha con todo el cuerpo desnudo. Son la mirada y las frases que tira. Como si fuera un alma de cien años encerrada en un cuerpo de veinte. ¿Qué le habrá pasado? Tiene un mambo importante. Con el padre, es una fija. Con la hermana, otra.
Desparramado en el mismo sofá y fumando un cigarro, a Daniel lo persiguen las imágenes de la bata cayendo y de ella montándolo. “Hay caballos que se mueren potros sin galopar” canta el Indio en ese momento.
¿Coincidencia?
El timbre lo sobresalta. “Si es ella empiezo a creer en el universo” piensa.
No es ella pero es la hermana. Se vino con dos monos con pinta de milicos. Sacan armas y chapas. Son milicos.
La rubia entra pateando la puerta. Sacada.
-¿¡Dónde está!? ¿Dónde la tenés, degenerado hijo de puta?
- ¿De que hablás? ¡Pará, rati, pará! ¿Qué mierda te pasa?
Uno de los monos lo pone contra la pared y lo palpa de armas. La rubia se lanza a revisar el dormitorio. El otro mira por la ventana.
-Acá no está- dicen por fin.
Andrea se desploma en el sofá. Se desarma. Por primera vez Daniel le descubre un rasgo de humanidad.
- ¿Qué pasó con la piba?- le pregunta.
- Cuando llegó anoche discutimos. Mal. Me fui a trabajar y cuando volví hace un rato no estaba. Revisé sus cosas y no se llevó ropa. Nada más algunas fotos y cosas importantes para ella. ¡No tiene un mango, no conoce a nadie!  Y está mal de la cabeza. No sabía por donde empezar a buscar, busqué tu dirección y vine para acá. Me jugaba la cabeza que estaba acá. Si tenés idea de algo, por favor te lo pido, ayudame a buscarla. ¡Encima hace un frío de mierda! Y mañana es el cumpleaños.
- Si fuera por mí no estaría afuera, estaría acá conmigo. ¡Estaría todavía conmigo! ¿Te queda claro? ¡Y no vengas a amenazarme con el dedito ni con diez monos armados!. Resolvé vos tu problema. ¡Así que la piba está en la calle por culpa tuya y yo soy el hijo de puta!
Continuará.

1 comentario:

  1. Una observación: Si viene con dos monos y se mete de prepo en la casa tiene una orden. Si tiene una orden es porque un juez creyó que el tipo hizo algo. La mina vino a pegar, no a dialogar ni dar explicaciones. El diálogo posterior es importante. A lo mejor sería preferible que la mina viniera sola y por las buenas. Es más probable que si lo conoce al chabón tenga más oportunidades de sacarle algo por extorsión que por fuerza.

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Gracias