8/7/10

Sincronicidad Temporada 2-4

Del capítulo anterior
- ¡Una mierda! Ahorrarnos problemas una mierda. ¡Que cosa, como te sale el cobarde de adentro! ¡Qué cagazo que tenés, Ricardo, por dios! Mirá, si yo te digo que la hija de puta de mi hermana nació para cagarme la vida, es porque nunca, pero nunca, estando lúcida hubiese aceptado que se venda esto. ¡Es una boluda bohemia! ¡Igual que el viejo! Aferrados a los recuerdos, a los lugares, a las cosas. Yo me quiero ir a vivir a Miami con vos o sin vos ¿Te queda claro? Así que si querés abrirte, que sea ya, ahora. ¡Ya! Pero ya, antes de que vaya a la inmobiliaria a cerrar la operación.
- Pero no, mi amor, como me voy a abrir, ¿estás loca? ¡No te enojes! Fue un chistecito irónico. Ya se que no estás loca.
Dos palos y medio verdes son suficientes como para convencer hasta a un cagón como Ricardo Peralta.
cerrochapelco

Temporada 2
Capítulo 4
Rutas argentinas
Buenos Aires, una semana después.
El hombre sube saltando los escalones de dos en dos. Las paredes descascaradas y el olor a humedad hablan de un edificio donde funciona una repartición estatal. Si alguien se cruzara con él, notaría que está pálido y le tiemblan las manos. Si alguien le prestara atención a su gesto diría que está desesperado.
Pero nadie lo mira, ni siquiera el ordenanza que en la mesa de entrada finge acomodar unos papeles.
- No señor. La oficial Campos no está.
- Perdón, pero no puedo comunicarme a su celular. ¿Me podría decir donde la puedo encontrar, por favor? Es personal y es urgente.
- La oficial Campos pidió el traslado hace unos días, creo. Mejor pregúntele al oficial nuevo que está en su oficina- Le dice señalando la puerta a la derecha.
- No, está bien. Está bien, gracias- dice Ricardo Peralta mordiéndose el labio inferior para no putear.
El médico baja la escalera despacio. Ya no tiene ningún apuro por llegar adonde sabe que tarde o temprano va a llegar: la cárcel. O en el mejor de los casos, de vuelta al pueblo, sin licencia para ejercer su profesión y arrastrando el fracaso y la vergüenza.
Andrea lo dejó en banda- ¡Era de esperarse, boludo!- la enfermera habló y saltó todo el quilombo. La chica se está recuperando, pero él está hasta las pelotas.
- ¡Andrea y la puta que te parió! ¡Como te estarás cagando de risa de mi, hija de remil puta! Milica de mierda, me cagaste la vida.
La gente que pasa no le presta la menor atención al hombre que sentado en el último peldaño llora y murmura con la cabeza entre las rodillas. Ese tipo de cosas se ven a cada paso.
El tampoco se resiste cuando lo suben al patrullero que se va perdiendo despacito bajo la lluvia.
A diez cuadras de allí, a la misma hora.
- Y bueno, Chino, así están las cosas ahora.
- Entonces, Pelado ¿Te va la oferta?
- Me va, me va. Claro que me va. Si hay algo que me va en este momento es borrarme de Buenos Aires completamente. 
- Claro, mirá, un clavo saca otro clavo. El mionca no te va a dar la misma posibilidad de enganchar minitas que la viola, pero, es lo que hay y vos sabés que siempre se picotea algo.
- Bueno, no es precisamente eso lo que me interesa, Chino. Quiero laburar, necesito laburar.
- Fenómeno. Y vas a laburar. ¡Que máquina vas a agarrar, hijo de puta! ¿Sabés que si no me llamás vos se lo iba a dar al Aníbal, mi cuñado?
- Mirá vos. Que coincidencia ¿no?
- ¿Qué coincidencia? ¿De que hablás, Pela? Para mí que la pendejita esa te trastornó el balero a vos. Estás raro, raro.¿Estás seguro que te querés ir de Buenos Aires? 
- No me hagas caso Chino. La pendejita no me quiere ver ni en fotos, ya está, ya fue, a otra cosa mariposa. ¿Qué ruta me dijiste que tengo que hacer?
- De Punta Alta para el sur. Patagonia pura. Valles, lagos, montañas, nieve. ¡Espetacular! No te podés quejar, hermano. ¡Jamón del diome, papá!  
- ¡Salud! Por mi nueva vida, amigazo.
Mientras sonríe y brinda con el amigo a Daniel se le cruzan por la cabeza paisajes que no ha visto más que en fotos. Son imágenes vívidas, como si un proyector de cine se le hubiera encendido adentro.
Hay un cerro nevado lleno de turistas vestidos para esquiar.
Y él está besando a una piba de campera negra.
Un escalofrío lo sacude desde la punta de las botas hasta la cabeza calva que refleja la luz naranja del bar.
- Tengo que aflojar con la birra- le dice al Chino- estoy alucinando.
- No jodás que en un par de horas tenés que agarrar la ruta, Pelado.
Continuará

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