20/7/10

Sincronicidad Temporada 2-9

guantes cla
GUANTES
“Un par de guantes rescatados del tiempo.
El cuero suave trajo pasados archivados en lugares voluntariamente inaccesibles.
Vuelven del dolor, de la risa, del caos.
Traen los perfumes de mi piel de entonces.
Mientras decido restaurar sus comisuras descosidas suenan murmullos en mis dedos.
Vuelven de las impotencias, de los desconciertos.
Retazos de historias, como titulares, pasan y se quedan.
Amigables, me hacen sentir en casa.
Vuelven de los desencuentros, de los viajes, de las dudas.
Elegí un hilo fuerte para coserlos.
No quiero volver a perderlos en mi memoria justo ahora que empecé a disfrutarla.
Vuelven con aceptación en sus pliegues.
Cuando quedaron enteros, con sus dedos cortados hace milenios,
Sentí que eran yo.
Vuelven con fragmentos de todas mis vidas.
Acaricié mi historia con ellos,
y empezamos a celebrar juntos el haber llegado hasta aquí, ahora.

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Cla9
Temporada 2
Capítulo 9
De nuevo y nuevo

Daniel estira la mano hasta la mesita de luz y tantea buscando el atado de cigarrillos mientras Maira parece hipnotizada mirando la palma de su mano derecha.
- ¿Querés uno?- dice él.
- Dame.
- ¿Qué fue de tu guante?- pregunta él pasando un dedo suave por la cicatriz de la palma de la mano derecha de ella.
- ¿Te gustaba? -pregunta ella tratando de acomodarse sobre el pecho desnudo de él.
- Me intrigaba. Y por lo general me gusta lo que me intriga así que, si, me gustaba.
- A mí me servía.- dice ella- Me servía para tapar la cicatriz, para tapar el recuerdo de la cicatriz, para evitar preguntas indiscretas. Al final, creo que no me sirvió para nada más que para atraerte.
- ¿Y eso es bueno?- dice él y en la voz se le nota otra vez una cuerda floja.
- ¿Y a vos que te parece?
- A mí me parece que estaría bueno que alguna vez dejaras de contestarme una pregunta con otra pregunta, pibita.- Dice él suavizando el reclamo con una palmada en la nalga y un beso corto que busca los ojos de ella.
Pero Maira no acostumbra a contestar así como así, cualquier cosa. Lo piensa un rato, se le va la mirada vaya a saber donde, juega a acoplarse al cuerpo de él, acomoda un brazo acá, una pierna allá, todo con movimientos lentamente felinos. O al menos es lo que él percibe. Así es como la siente. Como si ella tuviera un cuerpo hambriento que no se sacia de una. Y eso le encanta, porque él también está hambriento. Como si un hambre que llevara siglos acumulándose se hubiera encontrado de golpe con un banquete digno de príncipes.
Estaba exagerando, por supuesto, claro que estaba exagerando, pero ¿Quién no exagera cuando siente que encontró lo que no buscaba ni esperaba?
- Si querés te contesto ahora- dice ella cuando siente la dureza que, otra vez, traspasa la sábana y clama por saciarse.
- No. Ahora no. Ahora mejor buscá el guante y ponételo de nuevo. Usalo para lo único que sirve, que nos sirve.

Continuará

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