26/11/11

Como John y Yoko (Nunca Menos)



La psiquis es maravillosa. Una mente condicionada culturalmente puede fabricar —literalmente— un mundo. Desde el siglo del romanticismo, principalmente a las mujeres, nos han insuflado un prototipo de amor romántico que puede no ser apropiado para todos, sin embargo, ahí fuimos, salvo hermosas y rebeldes excepciones, persiguiendo lo que algún poeta soñador o drogón imaginó como "la pareja ideal".
Según encuestas propias el 99% de los humanos no conoció ni de cerca esta experiencia, y sin embargo, o tal vez por eso mismo, se vendieron muchos libros con historias de amor romántico y al día de hoy se siguen vendiendo.

Supongo—no quiero mentirles ni guglear—que algún genio del psicoanálisis habrá tomado la posta con la cuestión de "la media naranja" que se basa en la horrible sospecha de que solo andando de a pares nos podemos sentir felices. Y hasta el día de hoy, a los profesionales del balero les siguen lloviendo miles de mitades en el diván.
—¿Como se supone que sea feliz alguien que se cree la mitad de algo, una fruta inconclusa?—

 También las religiones anduvieron por ahí haciendo lo suyo, es decir atormentando a la gente con culpas y sumándole sufrimientos a su vida terrenal con la disyuntiva "monogamia o infierno" y otras linduras que les han llevado —a las religiones— a obtener para sí la franquicia de un negocio rentable per sécula seculorum.  

Por si todo esto fuera poco la New age—con los auspicios de una tal madame Blavatzky— puso en una licuadora una porción de religión occidental con otra de orientalismo, lo condimentó con tarot, runas y otra cantidad de abalorios y sirvió el cóctel que revolucionó muchas cabecitas propensas al divague —incluyendo la mía— con el asunto de las almas gemelas que nos impulsó a consultar a miles de terapeutas alternativos y a considerar ranqueable a cualquier verdura con pantalones (esto es personal) con tal de demostrar la teoría y no ser menos, que tanto. (Perdón. Mil veces perdón, almas gemelas mías que resultaron dañadas).

Desde finales del siglo XX, Ludovica Squirru, que nunca fue menos, aportó lo suyo a la causa  apareciendo con un cuento chino maravilloso, me metió a John y Yoko como meta romántica y me vendió libros a mansalva.

En sintesis, creernos una mitad inconclusa no nos habrá hecho felices pero les dio de comer a muchos.

A todo esto, el año que viene es el año del dragón de agua, mi signo y mi elemento. Ya le encargué al revistero de la esquina mi libro del Horóscopo Chino, como hago invariablemente todos los noviembres desde hace 15 años, pero con más expectativas que nunca por ser MI AÑO. ¡Año del Dragón de Agua, que joder!.

(Ah, Ludo, mirá, con el temita ese de John y Yoko, te aviso que seguimos con el pescado sin vender o el mono sin aparecer. Pero que las hay, las hay.)
  

1 comentario:

  1. Hola!!!!
    ¿Cómo estás?, Que grandes, no se si la historia nos dara otras personas como estas, fueron contra los prejuicios de la época.....Un abrazo de oso.

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Gracias