26/1/12

Lo no expresado

- Un día de estos voy a agarrar la calle y no me van a ver más el pelo-. Solía decir mamá cuando había algún conflicto familiar que involucraba a mucha gente.
La reiteración de la amenaza y su posterior incumplimiento le fue quitando efectividad a la frase con el paso del tiempo.
Simplemente nos reíamos y pensábamos que "ya se le iba a pasar".
Mamá se compró su primera casa de grande, cuando falleció papá. He de decir que nunca la pudo disfrutar a sus anchas, porque siempre hubo algún hijo, hija o nieto necesitado de cobijo que volvía al nido y a ella nunca, nunca jamás, se le hubiera ocurrido negarle asilo.
Sin embargo me di cuenta, mucho tiempo después, que la frase en cuestión, repetida por mí en las mismas circunstancias, era la forma de expresar, de forma soslayada, la tremenda urgencia de estar un poco a solas.
"Agarrar la calle" era como la fantasía del que no encuentra el tiempo/espacio mínimo indispensable para la paz, el silencio y el dolce far niente en su propia casa. Era la forma políticamente correcta de decir "¿Por qué no se van un poco? ¡Me tienen las bolas llenas!" Porque lo más probable era que si lo decía de esa manera, nos hubiéramos ofendido terriblemente.

Como hay una tendencia a repetir patrones de conducta familiares, yo repetí el de mi vieja casi calcado. Y por tener una familia numerosa, también aprendí a valorar los fugaces momentos de soledad, tan necesarios para resetear la máquina y reiniciar con más energía. Heredé, también, de mi vieja, esa tendencia a lo no expresado. A pretender que el otro adivine lo que siento o a callarlo para no lastimar.
Debería ser materia obligatoria el aprendizaje de la comunicación verbal asertiva. Debería ser también, de público dominio, que estar un tiempo solos es un derecho y que eso no disminuye el amor que le tenemos al otro, tanto sea pareja, familia o amistad.
Por mi parte, cada vez que me tiento de decir "Un día voy a agarrar la calle y..." cuento hasta cien y digo lo que realmente siento.
"Tengo ganas de estar un rato a solas, ¿puede ser?"



2 comentarios:

  1. Anónimo21:40

    Me interesó tu nota sobre lo no expresado. La relación entre padres e hijos es una suma interminable de des-entendimientos, que varían con los años. Aún no tengo hijos; y -desde este lugar- tantas veces le reproché a mi padre el "no decir" directamente, sin vueltas, sin miedos. Aún hoy, a mis 33 años, nuestras charlas tienen esa distancia. Con el tiempo, con la experiencia, fui descubriendo el sentido de algunas palabras -que habían quedado latentes, sin ser aprehendidas-; con el tiempo fui comprendiendo también los silencios, las actitudes; en fin, fui comprendiendo que no es tan fácil decir las cosas directamente. Aún así, prefiero no darle la razón del todo, y le sigo reprochando esas formas. Considero que en las relaciones más importantes de nuestras vidas también es necesario decir las cosas directamente, en bruto. De haber un sentimiento claro de fondo podemos darnos ese lujo.

    Rafael Bustos

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  2. ¡Seguro! Si hay amor todo se puede hablar. Pero también debería haber una escuela para padres. Je! Los padres nos equivocamos y mucho, a veces tenemos varias oportunidades de reparar, otras no. Dicen que la experiencia es un peine que te regalan cuando te quedaste pelado. Besos!

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Gracias