26/4/12

El mensajero XV


15 El licenciado Bohnmer

Por suerte el licenciado Walter Bohnmer es un tipo accesible. Me respondió el mail invitándome a su estudio en La Plata, Prefiero hablar de estas cosas personalmente, me dijo, y yo no pude estar más de acuerdo. Antes de salir para encontrarme con él tuve una discusión fea con Felicitas. Ella no entiende mi obsesión con el caso. Ya está, me dice, esto ya se lo dejamos en manos de Fabio, y además el caso está estancado, a la policía se le acabaron las pistas; Justamente por eso, le respondo, todas las pistas mueren en Costa Blanca, el último lugar donde se lo vio a Agustín, y la familia está desesperada…, ¿Y cuándo fue que te convertiste en detective privada vos, porque esto que estás haciendo no tiene nada que ver con tu trabajo, salvo que pienses renunciar a la revista..?, ¿Vos querés que renuncie?, si es así decímelo de frente, le digo, ¡No quiero que renuncies, por eso te digo que es una pérdida de tiempo….

La dejé vociferando y salí para Retiro a tomar el micro a La Plata.

El licenciado Bohnmer me recibe en su estudio, una modesta oficina en un edificio céntrico, ocupada íntegramente por tres personas frente a sendas computadoras con auriculares, micrófonos y cámaras, todos hablando en diferentes idiomas. Walter Bohnmer es tal como aparece en las fotografías de internet, un hombre de unos 60 años con aspecto de gurú y rasgos occidentales. Su look me recuerda al maestro de reiki Roberto, que a su vez me recuerda a Osho. El pelo casi blanco recogido en una coleta, la barba amarillenta y una manera de hablar calma y reflexiva, llena de pausas y silencios. Me hace pasar a una pequeña cocina y con un gesto me invita a tomar asiento frente a una mesa atiborrada de papeles y tazas de café sucias. Cierra la puerta pidiendo a sus ayudantes que no lo interrumpan y me sirve café.

—Entonces—dice—Contame todo desde el principio.

Mientras le cuento me interrumpe muchas veces con preguntas. Noto que quiere asegurarse de la veracidad de mi historia, pero sobre todo quiere saber quién soy y que motivaciones tengo. Cuando ya no tengo nada más para decir, hace una pausa mirándome a los ojos y luego empieza a hablar. Me propongo no interrumpirlo, está claro que sus pausas no son para dejar lugar a la pregunta, sino para dejarme que vaya internalizando la información.

—Esos ojos que viste en tu sueño, los mismos que viste en la pintura, los han visto muchas personas en el mundo, de distintos países, culturas, edades, razas, y yo entrevisté a casi todas esas personas, al menos a los contemporáneos.

Pausa.

—Muchos de ellos no solo los vieron, sino que recibieron mensajes de ellos. No en forma directa, claro, sino a través de sueños o intervenciones en que algún humano servía de canal.

Pausa. Cuando dijo “algún humano” debo haber dejado escapar un gesto de sorpresa porque después de la pausa lo explicó.

—A estos seres de los ojos extraños se los conoce como los intraterrenos, son muy parecidos a nosotros y habitan en la tierra hueca, solo que esa tierra hueca no está incluida dentro de nuestro universo físico, sino en otra dimensión.

Pausa.

—Los intraterrenos son una civilización muy antigua, casi tanto como la nuestra, y han tenido a lo largo de su historia muchas invasiones, por decirlo de alguna manera, de civilizaciones terrícolas que evolucionaron hasta dar un salto dimensional. Por ende, tenemos lazos genéticos con los intraterrenos, por esa migración de grupos humanos como los lemurianos, los mayas y algunos Incas que desaparecieron de la faz de la tierra, y que en realidad se trasladaron a una dimensión de vibración más alta, es decir, desaparecieron de acá para aparecer en forma física en el mundo de la tierra hueca. Como todo en el omniverso tiene su código vibratorio, todos los seres que habitamos el omniverso, estamos en la dimensión física que corresponde a nuestra vibración, por decirlo de una forma simple que puedas entender.

Pausa.

—Pero no es cosa de abundar en detalles que no hacen a la cuestión que te trajo hasta acá. Lo cierto es que los pueblos que evolucionaron y pasaron al mundo intraterreno siguieron comunicados con nosotros a través de personas muy espirituales de este lado, por miles de años. Hasta que hace más o menos 15 años, se cortó abruptamente toda comunicación. Desde entonces no teníamos noticias de nuestros vecinos de los ojos diferentes, no hubo más canalizaciones, ni sueños, hasta el momento en que aparecieron en tu sueño.

Pausa.

Me removí inquieta en mi silla, la última frase dicha por Walter Bohnmer había cerrado con un punto final, así que tragué saliva dos veces y me animé a hablar.

—Es mucha información—le dije decidida—pero no se como relacionarla con la desaparición del chico en la costa Uruguaya. Aunque supongo que el hecho de que los…intraterrenos—dije dudando hasta de mí misma al decirlo—se manifestaran a través de mi sueño por primera vez después de 15 años es un dato en el que debemos centrarnos.

El licenciado Bohnmer asentía con un movimiento de cabeza mientras yo hablaba, lo que me dio coraje para seguir explorando esa línea de pensamiento que había iniciado.

— ¿Hay alguna información o teoría sobre el motivo de la interrupción en la comunicación con esta…gente?

— ¡Si! —Me dijo con el gesto de un maestro que premia la perspicacia de su discípulo—, hay un hecho. Hace 15 años un grupo de científicos americanos llevó a cabo un experimento secreto, los gobiernos de los países involucrados siempre lo negaron, pero a pesar de ser información clasificada el escándalo se filtró. El experimento fue un tremendo fracaso, los hombres que formaban parte de la misión nunca regresaron, y lo peor, se presume que causó algún daño en el mundo de los intraterrenos. Un incidente que los dejó sin posibilidades de comunicarse con nuestra dimensión. Obviamente, ya habrás deducido que el objetivo del experimento era transportar al grupo humano al otro lado, a la otra dimensión.

— ¿A qué se atribuye el fracaso de la misión? ¿Fue una falla técnica?

—No, en absoluto. El grupo contaba con una tecnología tan avanzada que ni nosotros podemos imaginar. El error fue creer que solo con una alta tecnología alcanza para viajar entre dimensiones. Ese es el error más común de nuestros científicos ortodoxos; se olvidan de la cuestión espiritual. El mismo error que cometieron nuestros antepasados atlantes. Los atlantes contaban con un desarrollo tecnológico elevado, pero ese desarrollo no era equiparable a su nivel de conciencia. Y fue eso lo que los llevó a la autodestrucción. ¡Somos seres espirituales teniendo una experiencia humana! Negarlo es suicidarnos.


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