22/5/15

No digas "es una rosa"



Te topas con una flor y en el momento en que la ves, el lenguaje salta inmediatamente en tu mente y dice: “Una hermosa rosa”, y ya has destruido algo. Ahora ya no es ni hermosa ni rosa porque ha aparecido una palabra. No permitas que la palabra interfiera con todas y cada una de tus experiencias.

De vez en cuando déjate estar ahí con la rosa y no digas: “Una rosa”. No es necesario. La rosa no tiene nombre, somos nosotros quienes se lo damos. Y el nombre no es una cosa real, así que si te apegas al nombre pasarás por alto lo real. El nombre te pasará ante los ojos y proyectarás algo: todas las rosas pasadas. 

 Cuando dices: “Es una rosa”, la estás clasificando. Y las rosas no pueden clasificarse, porque son tan únicas e individuales que no es posible clasificarlas. No le otorgues una clase, no la encasilles, no la encajones. Disfruta su belleza, su color, su danza. Estate ahí. No digas nada. Observa. Permanece en mo chao, en un reflejo sereno y silente. Sólo refleja. Deja que la rosa se refleje en ti; tú eres un espejo.

Si puedes convertirte en espejo, te habrás convertido en meditador. La meditación no es más que la pericia de reflejar. Y ahora, en tu interior no se mueve ni una palabra, y por ello no hay lugar para la distracción.

Osho. El camino del zen 

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