5/5/16

El avatar

Cuando recibió el dibujo —de trazos simples y precisos— ella trató de encontrar algo que la conectara con esa mujer de semisonrisa hacia el costado en el rostro alargado. Algo había, pero. Era sugerido como una fragancia. No había esperado un retrato fiel, no. El dibujante no la conocía en persona ni había tenido enfrente una fotografía. Más que un dibujo era, entonces, un juego imaginativo, una adivinanza, la forma en que él intuitivamente la percibía.
Lo que la desconcertó fue el peinado: un mechón solo que caía a un costado como una cascada tricolor, un arco iris de tonos apagados o la cabellera filamentosa de la medusa que anda por aguas grises.
Le gustó el dibujo aunque tuviera poco que ver con ella. Después de todo, solo era como él la imaginaba.
Colgó el retrato donde todos podían verlo y se olvidó casi por entero del asunto.
Cinco meses después se sacó una selfie. Al verla en su pantalla notó que el mechón violeta que se había hecho un mes atrás estaba dividido en tres colores: lila pálido, celeste y gris claro.
Si volcaba todo el pelo hacia un costado se convertía en una cascada tricolor, o un arco iris de tonos apagados o la cabellera filamentosa de la medusa que anda cerca del mar.
Se volvió a mirar, desenfocando, y se le dibujó una semisonrisa que ascendió por un solo lado del rostro alargado.
De a poco, sin darse cuenta, se había convertido en su avatar.


*Narración inspirada en el dibujo de mi amigo virtual Huili Raffo, a.k.a @raffohouse a quien le dedico este texto.
4-5-16

1 comentario:

  1. Huili pericibió lo que ella era, pudo profetizar el pálido arcoiris y ver que era una medusa, tal vez porque no la miró a los ojos.
    Eso sucede entre los espíritus sensibles y es una celebración.

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Gracias