17/6/17

Adicciones emocionales

Adicciones


 La única diferencia que existe entre un bache y una tumba es la profundidad.

 Tomemos una de las drogas más adictivas, la heroína, para ver qué efecto produce la adicción en las células del cuerpo. Tras ser inyectada, la heroína se acopla a los receptores opiáceos de las células. Son los mismos receptores diseñados biológicamente para recibir la endorfina, un neuropéptido producido por el hipotálamo.
En vez de recibir endorfinas, la célula recibe heroína y se hace adicta a la heroína. Veamos ahora lo que pasa con las emociones. Las emociones producen péptidos o moléculas de la emoción (MOE), que se acoplan a los receptores de las células. Con el uso repetido de la misma emoción ocurre lo mismo que con el uso repetido de la heroína: los receptores opiáceos del cuerpo empiezan a esperar, e incluso a anhelar, ese péptido en particular y el cuerpo se hace adicto a esa emoción. Impresionante, ¿eh? Y a ti te gusta pensar que eres inmune a todo ese rollo. Mira a los alcoholicos, o a los yonquis en cola frente a las clínicas de metadona, o al fumador compulsivo con los dedos amarillos y los pulmones negros y pensarás: “¿Yo?, ¡no, ni hablar!”. Piénsalo otra vez. Tú, ¡sí! Impresionante. ¡Pero explica tantas cosas!

¿Te resulta familiar algo de esto?
- Estados emocionales destructivos
- Las mismas situaciones una y otra vez
- Incapacidad para cambiar
- Sentirse impotente para crear algo nuevo
- Ansia profunda de ciertas respuestas emocionales
- Voces en la cabeza que dicen: “Quiero. Dame, dame”.
- Decir que nunca harás algo otra vez y hacerlo luego, tres horas después.

Este capítulo te servirá de terapia de choque por todas las veces que has experimentado alguna de las situaciones anteriores. Y nos sirve a todos nosotros (y eso nos incluye a todos nosotros), que tenemos neuropéptidos corriendo por las venas.

Los que utilizan heroína tienen receptores para la heroína, y cuanta más toman, más se debilita su capacidad para producir sus propias endorfinas internas, su propia heroína interna. Entonces, los receptores empiezan a volverse infrasensibles allí donde hay menos realmente, de modo que sí se producen cambios reales. Por otra parte, existe información nueva que confirma que se producen menos células cerebrales, con lo cual, en cualquier adicción, la gente se queda, digamos, estancada en los viejos patrones. Se limitan a tener los mismos pensamientos una y otra vez y no son capaces de pensar en nada nuevo. Candace Pert, psicóloga


Humanoide (Nombre): organismo con consciencia de sí mismo que se droga con su propio cuerpo. 


La doctora Pert descubrió que tenemos receptores específicos para la marihuana. ¿Por qué los tenemos? Porque nuestro cuerpo produce sustancias químicas que provocan el mismo tipo de subidón que la marihuana. Esto puede aplicarse a cualquier droga que causa adicción física en los seres humanos; dentro del cuerpo hay una sustancia química parecida a las drogas y un receptor para recibirla. Como explica la doctora Pert: “Tenemos receptores de marihuana y producimos marihuana natural: endocannabinoides. Cada vez que la gente fuma droga, la marihuana exógena15 se une a receptores destinados a la regulación interna. Las drogas exógenas, por tanto, se acoplan a la red destinada a la autorregulación fisiológica endógena, formada por las moléculas de la emoción. Hoy hay bastantes datos que sugieren que ninguna droga psicoactiva produce efecto a menos que se conecte con un receptor utilizado normalmente por fluidos internos”.

Es decir, cada droga externa que produce efecto en nuestro cuerpo tiene una contrapartida interna; por eso el cuerpo reconoce, responde y se hace adicto a esa droga. Las drogas externas usan los receptores internos destinados a sustancias internas. En el capítulo “Cerebro 101”, explicamos que las emociones y los recuerdos de experiencias emocionales se encuentran codificados en circuitos neuronales que están conectados con el hipotálamo. Así es como te conviertes en un organismo que se droga con su propio cuerpo. Todo lo que hay que hacer es activar el circuito neuronal exacto y las sustancias químicas empezarán a fluir internamente.
Como dice Ramtha, La adicción es la sensación de un torrente químico que cae en cascada por el cuerpo, a través de toda una colección de glándulas endocrinas. Una sensación que algunos llamarían fantasía sexual. Para que un hombre tenga una erección, sólo necesita una fantasía sexual.
En otras palabras, sólo le hace falta tener un pensamiento, aquí [en el cerebro] para tener una erección. Para muchos, éste es el ejemplo más directo de cómo el concentrarse en un pensamiento produce los neuropéptidos adecuados. Hay muchos otros ejemplos: recordar aquel momento glorioso en la universidad cuando marcaste el gol de la victoria; la primera vez que te diste cuenta de que estabas enamorado; o el éxito; o soñar con el momento en que los medios de comunicación digan que eres un artista inspirado o de éxito alucinante. En todos esos casos, el pensamiento en concreto está en el lóbulo frontal activando la red en concreto que manda la señal a nuestra farmacia interna.
¿Significa eso que cada vez que alguien hace funcionar ese mecanismo es un adicto? ¿Eres un alcohólico cada vez que tomas una copa? Por supuesto que no. Si una vez al año recuerdas ese momento glorioso del otoño de 1972 cuando marcaste el gol, no es una adicción. Si todos los días anhelas esos días gloriosos, ¿adivinas qué? Estás desarrollando un hábito.

¿Adicciones? No tengo ninguna. Bueno, está bien, soy adicto a unas cuantas cosas. ¿Cómo a qué? Inseguridad, estrés, preocupación, insistencia en tener razón, sentimiento de superioridad moral, control, enfado, inflexibilidad, autoritarismo, miedo… ¿he dicho estrés? MARK



Efectos biológicos

Las sustancias químicas exógenas son externas al cuerpo. Las sustancias químicas endógenas son “internas” y las produce el propio cuerpo. Todo el mundo sabe que la adicción produce serios efectos en el cuerpo a largo plazo. Con el descubrimiento del mecanismo receptor de péptidos, se ha hecho evidente la base biológica de las consecuencias de la adicción. Como explica la doctora Pert, Si un receptor dado de una droga dada o de un fluido interno dado es bombardeado con gran intensidad durante mucho tiempo, se reducirá literalmente; disminuirán en número, o perderán sensibilidad, o estarán infrarregulados, de manera que la misma cantidad de droga o de fluido interno suscitará una respuesta mucho menor. El mejor ejemplo con el que la gente está familiarizada es la tolerancia. Todos sabemos que un adicto al opio tiene que tomar una dosis cada vez mayor para lograr el mismo efecto. En las emociones se ve el mismo efecto tolerancia. El que busca sensaciones fuertes y se arriesga más y más lanzándose al vacío desde aviones para que le suba la adrenalina; o el adicto al sexo que persigue experiencias sexuales cada vez más pervertidas; o el político que trepa a puestas cada vez más altos, no por deseo de servir, sino en una búsqueda de más poder. Si empiezas a buscar panoramas semejantes entre la gente que conoces, o especialmente en tu propia vida, encontrarás ejemplos por todas partes. Y mientras, nuestras pobres celulitas se mueren de hambre. La constante sobre-utilización de las sustancias químicas requeridas para producir una emoción, como al ira, tiene como resultado la creación en el cuerpo de puntos receptores insensibilizados para que se adapten a los neuropéptidos de la ira. Las células, al recibir más la emoción a la que son adictas que otras emociones, dejan de obtener un alimento “bien equilibrado” y se quedan con tener que conseguir una ración nutritiva más reducida. Cuanta más ira crea la personalidad, más satisfecha se sentirá la célula. Ésta es la historia que hay detrás del chico que sale a “buscar pelea” el viernes por la noche. No está enfadado por ningún motivo en especial; sólo está alimentando a sus amigas las pequeñas células. Y esas pequeñas chicas pueden armar un gran jaleo cuando necesitan algo.
¿Has oído alguna vez una vocecita en la cabeza que te diga, “tengo hambre” o “tengo sed”? ¿Te has preguntado alguna vez de dónde viene esa voz? Bien, de acuerdo con Ramtha, las voces de la cabeza son la voz colectiva de las células. Te dicen: “Aliméntame”. La adicción emocional explica muchas cosas, como por qué alguien destroza constantemente a otras personas o se mete en las mismas relaciones abusivas, o vive la misma situación una y otra vez. En otras palabras: la adicción emocional explica por qué la gente sigue creando una realidad particular en su vida, aun cuando dicen: “bueno, yo nunca crearía eso”.
La única forma de eliminar de cuajo dependencias y conductas repetitivas es afirmar: Está bien. Verdaderamente soy yo el que crea esto una y otra vez, así que debo de ser adicto a ello”. Para muchísima gente, las creaciones de su vida tienen una base emocional o adictiva. Para ver un ejemplo de creación de algo “malo” en tu vida, observemos una “mentalidad de víctima”. Inicialmente te pasó algo malo, se lo dijiste a algunas personas que se sintieron mal por ti (ahora también están sufriendo) y así fijaron el problema. Alivio. A lo mejor piensas: “Bueno, no está mal; veamos si puedo hacer que funcione otra vez”. De repente, hay personas que cuidan de ti. Te dan dinero, te apoyan emocionalmente, y están disponibles cada vez que las necesitas. Desde luego, el inconveniente es que la relación víctima/salvador tiene una duración intrínseca. Todo salvador necesita sentirse tan especial como la víctima, de modo que tienden a seguir adelante cuando ya se ha pasado el “ataque” inicial. Si ninguno de los dos cambia, los dos siguen intentando redescubrir su adicción con otra persona y con otra y con otras más. El doctor Joe Dispenza lo explica de manera elocuente:

“Mi definición de una adicción es muy simple: es algo que no puedes parar. Si no puedes controlar tu estado emocional, es que eres adicto a él”.


Todo el mundo es adicto a algo. No me importa quiénes son. Y son adictos porque nunca han tenido nada mejor con qué reemplazar aquello a lo que son adictos y tener así una razón para despertarse por la mañana, por la que vivir. El hombre adicto al poder se levanta todas las mañanas y hace cosas que muestran su poder. Para sentirse valioso tiene que tener un montón de gente alrededor a la que alimentar, hacer callar y mandar. Porque no se siente valioso. Necesita las emociones para sentirse valioso. Ramtha

Cuando estamos faltos de emociones, esas voces que surgen son las células que envían literalmente impulsos nerviosos al cerebro para que sepa que se mueren de hambre, que el cuerpo se muere por recibir aquello de lo que depende químicamente. Y esas sustancias químicas son portadoras de información muy valiosa. Joe Dispenza


Dependientes emocionales anónimos


Es un panorama desalentador en varios sentidos. Soy un adicto, eres un adicto, juntémonos y vivamos felizmente nuestras adicciones juntos. En realidad, no suena tan mal, es lo que hace todo el mundo todo el tiempo. Estamos en una frecuencia específica de esas emociones y por tanto traeremos a nuestra esfera a personas de mentalidad parecida. Según Ramtha, “las personas que realmente queremos son las que están dispuestas a compartir nuestros sentimientos y nuestras necesidades emocionales”. Joe Dispenza lo describe así: “Rompemos la adicción a todos esos pactos químicamente. Eso supone una situación incómoda para el ser humano… porque buscamos alguna prueba en la vida de que estamos haciendo lo correcto, y donde buscamos la prueba es en las personas con las que tuvimos esos pactos”. Además es un panorama desolador porque es difícil romper con las adicciones. Por eso son adicciones. Las emociones llegan a ser adicciones porque intentamos continuamente recrear la experiencia inicial. La primera experiencia sexual, o de compasión, o de poder no constituye una adicción. Lo que se convierte en adicción es perseguir ese estado una y otra vez. Como dice Ramtha, Ahora bien, ¿qué pasa con los adictos al sexo, a la heroína o a la marihuana? Bueno, todos fabrican sustancias químicas diferentes en el cerebro. Intentan por todos los medios tocar el centro de placer del cerebro. Pero eso no es lo que se supone que tiene que hacer el cerebro, de modo que la gente reinventa experiencias en el cerebro distribuyendo las mismas sustancias químicas, la misma sensación. Y ¿qué se supone que tiene que hacer el cerebro? Soñar sueños nuevos y realidades nuevas para luego presentarlos en manifestaciones y experimentar ese primer momento emocional increíble… un momento con una emoción nueva. Suena maravilloso: nuevas emociones, nuevos placeres… entonces, ¿por qué es tan difícil romper el hábito?


ENGANCHADOS A UN SENTIMIENTO

La ciencia sabe hoy que el hipotálamo fabrica neuropéptidos y que esos neuropéptidos son sustancias químicas fuertes. Por ejemplo: se ha trabajado con animales de laboratorio colocándoles electrodos en la parte del cerebro que produce los neuropéptidos. Luego se les entrenó para que accionaran una palanca para obtener una descarga de esa sustancia, los neuropéptidos. El animal prefería la descarga de neuropéptidos antes que saciar el hambre, el sexo, la sed o el sueño. De hecho, llegó al punto de agotarse físicamente y sufrir un colapso, antes que cuidar de sí mismo físicamente. Eso es lo que hace el estrés a nuestro cuerpo en realidad. Llegamos a ser tan adictos al estrés en nuestra vida que no podemos dejar el trabajo, aun cuando no nos sirva. No podemos dejar una relación porque no nos sirva. No podemos hacer elecciones, porque el estímulo y la respuesta producen la sustancia química que nos ofusca. Y no nos diferenciamos de los perros que carecen de la capacidad de hacer elecciones debido al pequeño tamaño del lóbulo frontal de sus cerebros. Joe Dispenza.

¡Y aún seguimos preguntando cómo romper con esas adicciones! Posiblemente el programa más exitoso que ha habido nunca para el tratamiento de las adicciones sea Alcohólicos Anónimos. Millones de personas han dejado su adicción al alcohol “un día cada vez”, poniendo en práctica el programa de los 12 pasos. Les perjudicaríamos si intentáramos repasarlo aquí, y cualquier que esté interesado debería informarse. Pero tómate un momento para examinar esta parte del programa. Al alcohólico se le dice que reafirme repetidamente “Soy un alcohólico”. Aunque al principio sea necesario hacerlo para afrontar la realidad de la situación, dicha afirmación encierra a la persona para siempre en esa personalidad, así que nunca la supera. La persona se identifica continuamente con lo que está intentando abandonar. En definitiva, niega a la persona la posibilidad de una transformación total y absoluta, que es para lo que estamos aquí. No se puede curar a un adicto hasta que le das todo lo que quiere y ya no pide más. Entonces es cuando poseemos una experiencia y cuando nos hacemos sabios. Asocia eso con beneficios verdaderamente nuevos para la mente. Y el beneficio para la mente es el conocimiento.

El conocimiento es como los pilares constructivos: nos sirve para construir nuevos hologramas y para crear realidades. Ramtha

Si dejamos de dar a la célula emociones de las que hemos dependido durante mucho tiempo, la célula empieza a decaer. Si persistimos sin hacerlo, como persistimos ante cualquier adicción, 80 rompemos la respuesta, porque no respondemos a la voz del interior de la cabeza. Al mismo tiempo estamos rompiendo la respuesta químicamente porque ahora la célula ya no obtiene las sustancias químicas que necesita y, al final, se liberará de su adicción química y cuando se reproduzca, se regulará. Suelta todos los receptores responsables de aquellos estados emocionales y entra en un estado de más armonía, y el cuerpo experimenta alegría. Joe Dispenza
Nuestro propósito aquí es desarrollar nuestros dones de intencionalidad. Y aprender a ser creadores efectivos. William Tiller, físico
La cuestión es que estamos aquí para hacer algo con nosotros mismos. Estamos aquí para explorar los límites absolutos de la creación; estamos aquí para hacer que se conozca lo desconocido. Miceal Ledwith
El propósito del juego consiste en preparar nuestro cuerpo químicamente, a través de un pensamiento, para tener una experiencia. Sin embargo, si seguimos siempre los mismos pensamientos y las mismas experiencias, nunca evolucionaremos como seres humanos. Joe Dispenza

La adicción se rompe cambiando, evolucionando. Y si estamos aquí para eso, las emociones nuevas serán tan asombrosas, satisfactorias y atractivas, que las antiguas se nos antojarán como un viejo manual universitario: una montaña al principio y luego algo abandonado en una estantería olvidada. La doctora Pert anuncia la transformación, que la biología sustenta, a través de descubrimientos muy recientes. Hoy se ha demostrado que los adictos a alguna droga (nicotina, alcohol, cocaína, heroína), sean individuos o animales de laboratorio como las ratas, muestran todos en las pruebas que tienen algo en común: el bloqueo del crecimiento de nuevas células cerebrales. Pero si no siguen tomando la droga, las nuevas células siguen creciendo. Como dice Candace Pert, “uno puede recuperarse completamente y tomar decisiones y crearse una visión nueva y un cerebro nuevo”.

Hay esperanza en un nuevo comienzo para mucha gente, desde las adicciones más pequeñas a las más serias. Ramtha resume así la salida: “Debemos perseguir el conocimiento sin dejar que interfieran nuestras adicciones. Y si podemos hacerlo, lo manifestaremos en la realidad y nuestros cuerpos tendrán nuevas experiencias, experimentarán sustancias nuevas y nuevos hologramas, nuevos lugares de pensamiento, más allá de nuestros sueños más descabellados”.

Del libro ¿Y tu que sabes? 



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