17/6/17

Emociones

Emociones


“Nada es bueno o malo, sólo pensar en ello hace que sea bueno” W.S

 “¡Vayamos de juerga!” - Casi todos estaríamos de acuerdo. Aquí están, las emociones. ¿Por fin nos vamos a divertir! Basta de cerebritos, de calentarnos el coco y de “reflexiona un rato”. Salimos de la lección del cerebro y nos metemos en… bueno, la diversión! ¡Emociones! Alegría, tristeza, esperanza, desesperación, pasión, anhelo, ganar, perder y más y más, la música continúa. ¿Existirá el rock and roll sin emociones? ¿Existirías tú? Pensemos en todo lo que no existiría si no hubiese emociones.
- Concursos de belleza
- Casinos
- Guerras
- Poesía
- Lencería íntima provocativa
- Partidos de fútbol

En definitiva, podemos seguir hasta el infinito pensando en todos los aspectos de la vida humana, buenos malos y feos, maravillosos, sorprendentes y enriquecedores. ¿te reirías o sonreirías alguna vez si no existiesen las emociones? Probablemente no. ¡Y ni siquiera te importaría!

Lo mejor de trabajar con Will y Mark fue verme a mí misma y a mis emociones reflejadas otra vez en mí. Siempre que me molestaba con Mark o con Will por alguna actitud o comportamiento, me quedaba pasmada porque me daba cuenta de que eran un reflejo de mi estado emocional. Cuando Will tuvo el momento “ajá” sobre la creación de situaciones en las que podía experimentar el “ya te lo dije”, caí en la cuenta de que a mi me pasaba lo mismo. He descubierto que si no puedo poner el dedo en la llaga de mi estado emocional, entonces miro a mi alrededor y veo que se refleja directamente en mí. BETSY 

Las emociones: ¿misticismo o bioquímica? ¿Qué es exactamente una emoción? ¿Una propiedad mística e indefinible de la experiencia, o algo más concreto y tangible? Siempre se había dicho, en teoría, que las células tenían “receptores” alrededor de la pared exterior de la célula, donde se “descargaban” las sustancias químicas. La teoría sostenía que la estructura química de la droga era lo que le permitía acoplarse a dichos receptores, pero nadie hasta entonces había sido capaz de encontrar los receptores propiamente dichos.

Candace Pert encontró los receptores opiáceos alienados en la pared de la célula. Este descubrimiento cambió el aspecto de la biología. “Una vez que realmente encontramos esos receptores, comenzamos a pensar: ¿por qué los pondría Dios en el cerebro su no fuera para que desempeñaran alguna otra función? Después de meditar durante unos segundos, mucha gente en todo el mundo empezó a pensar que tendría que haber una sustancia natural que se fabricase en el cerebro. Bueno, pues unos tres años después del descubrimiento de los receptores opiáceos, un equipo escocés descubrió que el cerebro fabrica neuropéptidos llamados endorfinas”

 Las emociones son sustancias químicas que refuerzan una experiencia neurológicamente. Recordamos las cosas más destacadas y más emocionales. Así es como debe ser. Joe Dispenza.

 ¿Has oído hablar de las endorfinas? Se conocen también como el subidón de los corredores. Son nuestros propios opiáceos generados internamente. Siguieron más investigadores y los péptidos comenzaron a aparecer por todas partes. La doctora Pert apunta: “En mi laboratorio en el NIH, empecé a elaborar esquemas de receptores de cualquier péptido que alguien hubiera descubierto en cualquier sistema biológico. Y en efecto, siempre que buscaba unos receptores, encontrábamos otros…
Hicimos un montó de esquemas detallados de receptores y conseguimos descubrir no sólo receptores opiáceos, sino también otros péptidos, y se encontraban en aquellas partes del cerebro donde se pensaba que se transmitían las emociones”. Tras los descubrimientos, los científicos comenzaron a mirar los receptores y los péptidos con ojos completamente nuevos. Como dice la doctora Pert, “empezamos a considerar los neuropéptidos y sus receptores como moléculas de la emoción”. Estaba claro que todo lo que sentimos, cada emoción, produce una sustancia química o un compuesto químico específicos que se corresponde con la emoción. Esas sustancias químicas, o neuropéptidos, o moléculas de la emoción (MOE), constituyen una cadena de aminoácidos formada por proteínas y se elaboran en el hipotálamo. “El hipotálamo –explica el doctor Joe Dispenza- es como una pequeña fábrica donde se producen ciertas sustancias químicas que se corresponden con ciertas emociones que experimentamos”. Esto significa que cada emoción lleva asociada una sustancia química (MOE), y la absorción corporal de dicha sustancia por parte de las células es lo que suscita el sentimiento de emoción. Placer / dolor Los investigadores no sólo descubrieron que las moléculas de la emoción se corresponden con las emociones, sino que las encontraron incluso en criaturas unicelulares. La doctora Candace Pert descubrió “las mismas moléculas idénticas en la criatura unicelular más simple, lo que muestra que el placer es muy básico. Fuimos diseñados para funcionar con placer. Creo que somos adictos al placer y que nuestro cerebro está programado para grabar el placer y buscar el placer. Ese es el objetivo final: encontrar placer y evitar el dolor. Y eso es lo que dirige la evolución humana”. La conexión de las moléculas de la emoción con lo que percibimos y experimentamos es muy directa. Por ejemplo: la parte del cerebro que controla el movimiento rápido de los ojos y decide qué enfocar está recubierta de receptores opiáceos. Esto tiene sentido desde una perspectiva evolutiva. Prestamos atención a lo que es importante, y lo que es importante o muy significativo para nosotros, las moléculas de emoción lo transmiten al cuerpo por vía química y con mucha rapidez. Con el tiempo, una multitud de ideas, actitudes y recuerdos han recubierto ese botón tan simple del placer/dolor. Y aunque hay un largo trecho en la evolución desde la ameba que busca alimento hasta los encajes franceses, las emociones tuvieron que ser instaladas en el cuerpo de manera apremiante para resolver la escena proverbial del “tigre en la jungla”. Y resolverla rápidamente. Como ejemplo de lo que sucede dentro de nosotros, y para seguir con el tono divertido del capítulo, veamos el siguiente “experimento teórico” que explora el funcionamiento del punto de contacto entre el recuerdo, la emoción y la respuesta.

En realidad no podemos decir verdaderamente que estamos viendo el mundo de manera objetiva, tal cual es. No existe una valoración objetiva de nada, porque la valoración que hacemos de cualquier cosa tiene que ver con nuestras experiencias previas y nuestras emociones. Todo lleva consigo una carga emocional. Daniel Monti, médico

 Cuando volvemos a experimentar continuamente las mismas emociones y nunca edificamos sobre ellas, estamos atrapados en el mismo patrón de respuesta a estímulos. Joe Dispenza 

¿Te suena familiar? Primero está el reconocimiento del estímulo; luego, la aplicación de un significado o interpretación del mismo; después, la orden al hipotálamo de lanzar neuropéptidos al torrente sanguíneo y ¡bombear! Es el sentimiento. ¡Qué sistema tan bonito! Así pues, las emociones son buena ¿verdad? Absolutamente. Seguro. Son vitales. Estupendo, entonces, ¿cuál es el problema? Tal y como explica el doctor Joe Dispenza, “hacemos un análisis de cada situación para ver si nos resulta conocida; la sensación conocida se convertirá después en el medio por el que podremos predecir un acontecimiento futuro. Todo lo que no nos cause alguna sensación, lo descartamos o rechazamos automáticamente, pues no podremos relacionarlo con las sensaciones”. ¿Qué problema hay con las emociones? La misma belleza de la fórmula estímulo/respuesta es la cosa misma que parece que nos atrapa. En lugar de evaluar una experiencia realmente nueva desde una perspectiva nueva, tendemos a suponer que es una experiencia que ya tuvimos anteriormente. Cuando los mismos acontecimientos químicos se repiten una y otra vez, el resultado es una historia emocional acumulativa. Esa historia va acompañada de pautas identificables y de respuestas predecibles que se nos insertan o “anquilosan” en el cerebro. Eso significa que nuestras pautas y respuestas se repiten sin que tengamos que pensar en ellas: estímulorespuesta-estímulo-respuesta-estímulo-respuesta. El mecanismo del camino más corto para sobrevivir se convierte en una trampa siempre en el mismo punto, una y otra vez. Otra “engañifa” son las emociones ocultas, soterradas y reprimidas. Puede que la tía Rosie no fuese siempre cicatera, lo que pasó es que el día que te dio una bofetada tenía un terrible dolor de muelas. Sin embargo, ese circuito neuronal aún está ahí y añun se activa, aunque tú ya note acuerdes. O el jefe, olvidando que estamos en el siglo XXI, entre y te tira el informe sobre la mesa y comenta: “No es un buen informe”. Te mueres de miedo y se disparan las emociones: jefe disgustado pérdida del sustento familia desprotegida los bárbaros invaden el poblado muerte al jefe. Y si bien es dudoso que vayas tras tu jefe con el ratón, tu cuerpo ya ha respondido a situaciones pasadas y las sustancias químicas se han abierto camino.

Una de las cosas que practico desde hace un tiempo es entrar y salir de una emoción. En otras palabras, si puedo controlarme antes de reaccionar ante algo y de encaminarme hacia una cascada química interminable, lo hago de manera predeterminada. Entro en el sentimiento emocional de una forma poco entusiasta y luego doy marcha atrás, casi como si estuviese fuera de mí mismo, mirando. Lo hago a menudo para practicar si soy capaz o no de moverme entre esos dos estados. Me ayuda a entrenarme a comprender que realmente puedo elegir. Dar un paso atrás es como ser un observador inmóvil. Entrar en la emoción es como cae dormido en un sueño sobre el que no tienes control. MARK 

¿Y cuál es la buena noticia? Supervivencia para comenzar. Tus emociones te ayudan a sobrevivir proporcionándote una referencia, como un rayo que hace que encajen todas las piezas del rompecabezas, antes incluso que las conozcas todas. Y si tienes un cuerpo, todavía mejor. Ir por la vida con emociones te hace sentir la genuina experiencia de estar vivo, de sentir, de amar, de odiar, de vivir. Sin ellas, la vida sería aburrida. Son las especias de la sopa (cuántica), el color de la puesta de sol. Nos proporcionan mucho más que la mera supervivencia. Contribuyen a la evolución en constante desarrollo. Esto es la evolución, no en el sentido corporal, sino en el sentido espiritual, no-físico. Dice Joe Dispenza: Bueno, no sabría definir el alma desde un punto de vista científico, pero diré que se trata del registro de todas las experiencias que poseemos emocionalmente. Y lo que no poseemos emocionalmente, lo volvemos a experimentar continuamente en esta realidad, todas las otras realidades, en esta vida, todas las otras vidas.. De esa manera no llegamos a evolucionar. Si experimentamos una y otra vez la misma emoción y nunca la jubilamos convirtiéndola en sabiduría, nunca evolucionaríamos como personas dotadas de alma. No estamos inspirados. No tenemos la ambición o el deseo de ser algo más que el producto de las sustancias químicas de nuestro cuerpo físico que nos mantienen en la rueda del vivir nuestro destino genético. Una persona con alma supera su destino genético, la reacción de su cuerpo, el entorno, su propensión emocional, Piénsalo. Si quieres evolucionar como persona, escoge una limitación tuya que conozcas y actúa conscientemente para cambiar tus propensiones. Ganarás algo… sabiduría.

Emociones novísimas. Todas nuestras emociones fueron así en su día. Y la razón por la que seguimos volviendo ellas es porque eran deliciosas. Lo atractivo de la evolución es que existe la posibilidad de tener otras emociones novísimas, aún más cautivadoras y más estimulantes. Hay que apartar capas de la memoria y la costumbre para interactuar con un mundo que ahora es una revelación espectacular. Merece la pena ir a esa fiesta.

Reflexiona un rato sobre esto…
• ¿Cuándo fue la última vez que tuviste un orgasmo de un nivel superior?
• ¿Qué emociones experimentas más a menudo?
• ¿Evolucionan cada vez que las experimentas?
• ¿Evolucionas tú cada vez que las experimentas?
• ¿Ya va siendo hora de que las “poseas”?
• ¿Qué sería para ti una emoción nueva?


Esta página carece de emoción.

Extracto del libro ¿Y tu que sabes?




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