23/7/17

Mi tiempo vale (tanto como el tuyo)

Hace unos años hice un curso de tarot. Para practicar convoqué amigas, amigos y familiares que vinieron encantados de acceder al designio de los arcanos, porque a todos nos encanta saber que onda con el futuro, básica y generalmente en tres asuntos puntuales:
  • ganar la lotería
  • encontrar al amor de tu vida
  • saber si el amor de tu vida te está metiendo los cuernos.
No siempre en ese orden.

Un día decidí que estaba lista para dedicarme a la lectura del tarot como actividad remunerada y armé el consultorio en el garaje de mi casa de entonces. No tardé mucho en comprender que había fallado al hacer los cálculos sobre mi potencial clientela.
La larga lista de interesados que no podía seguir viviendo sin una consulta diaria cuando no se le pedía un desembolso monetario o retribución de servicios por otros medios, se redujo a cero cuando entramos al modo poniendo estaba la gansa.

Pero eso no fue todo. Lo peor fue que una de mis mejores amigas decidió ignorar el cambio de reglas y seguir colgada a la promoción gratis, amparada en vaya a saber qué privilegio auto-otorgado.

(Aunque más tarde y en un análisis detallado de la situación, concluí que el problema no era ella sino yo y mi estúpida vocación de Mesías la que permite esos abusos de confianza)

Las consultas de mi amiga se multiplicaron por todos los medios disponibles. Teléfono, visitas a cualquier hora sin aviso y por "emergencias emocionales" del tipo ¿me voy a poder encontrar con Juan hoy o surgirá algún contratiempo?

No daré detalles pero terminó todo mal.

Porque si bien es cierto que hay siempre alrededor de uno un pequeño grupo de personas incapaces de valorar el tiempo, la paciencia y el conocimiento puestos a su servicio, es porque no comprendieron el simple mecanismo del dar/recibir y es responsabilidad de uno explicarles. Como decía mi maestro de Reiki "nadie es tan pobre que no tenga nada para dar" y el dar/recibir es un trato de persona a persona, no una gracia que caerá del cielo como recompensa. (Pagadios)
Mi ex amiga, la que demandaba gratis el servicio por el que se debía pagar, bien podría haber tenido un gesto de retribución haciendo un descuento en los productos de cosmética que me vendía o ayudando a lavar los platos que por lo general se apilaban en mi cocina junto a la mesa donde le hacía la lectura de tarot. Nunca lo hizo y me atrevo a decir que ni lo pensó. ¿Por qué la gente es tan desconsiderada con el tiempo ajeno y cree tener derecho a respuestas generosas, pacientes e infinitas de tu parte? No tengo la respuesta a eso. Pero:
La enseñanza que me deja es que el limite a los que abusan de tu energía hay que saber ponerlo a tiempo para que no se convierta en un caso grave de vampirismo energético que termina rompiéndote tanto las pelotas que desemboca en un final explosivo a las puteadas.

O al menos es lo que a mi me pasa.
Porque me sigue pasando. Cada vez menos, pero me pasa.




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