20/7/17

Sobre el sufrimiento y otras cuestiones

"Debe ser un sacrificio enorme" me dijo alguien la semana pasada en Twitter hablando de veganismo me inspiró para hacer un recorrido mental por los últimos ¿dos años? ¿Será?
No me llevo bien con las agendas mentales —por eso no celebro aniversarios— , porque ocupar millones de neuronas en la memorización de fechas relacionadas con acontecimientos es un lujo que mi cerebro no se puede permitir ya que le encanta crear redes hebbianas nuevas aprendiendo cosas nuevas.
Si bien no recuerdo exactamente cuando, puedo acordarme como. Fue uno de mis hijos el que introdujo la novedad en esta familia. Sabíamos que el vegetarianismo existe desde siempre pero nunca habíamos escuchado los fundamentos del veganismo.
Así que de a poco (si, yo también me resistía a poner en duda el sistema de creencias adquirido) me fui enterando y me pareció que sonaba lógico pensar en los demás animales como seres que sienten y sufren al igual que nosotros porque tienen, al igual que nosotros, un sistema nervioso central. Y luego de la primera reacción de resistencia al cambio me pareció bien que nosotros, que tenemos además de SNC la capacidad de elegir en libertad y a conciencia tantísimas otras cosas, decidiéramos no someterlos a una vida que ellos no eligieron y a una muerte cruel, solo porque creemos que están en el mundo para alimentarnos.

Pero volviendo al tema del sacrificio, como practicante principiante del budismo zen (si entendemos budismo zen como la práctica filosófica y científica opuesta a la interpretación judeocristiana de sacrificio para la evolución de la conciencia humana) ninguna de mis acciones lleva en su génesis la idea de sacrificio o sufrimiento como puente para llegar a ningún lugar y/o cosa.
Algo que, por supuesto, no tiene por que saber quien no me conoce lo suficiente o no conoce los fundamentos del zen.

Así que mi manera de llegar al vegetarianismo estricto o veganismo (no consumir ningún producto de origen animal en la alimentación) fue ante todo amable conmigo misma, en una transición que me llevó algo así como dos años y consistió en ir reemplazando unos alimentos por otros hasta el momento que sentí haber roto toda dependencia física y mental con cualquier producto que provenga de nuestros amigos los animales.

Por supuesto que no todo es color de rosa como lo pinto en esta síntesis. Hay que remar mucho contra la corriente, buscar, aprender, leer, compartir experiencias con otros veganos más experimentados y si a uno le gusta activar, por la vía pacífica, pidiendo a las industrias, los comercios y emprendimientos de comida que incorporen dieta vegana a sus menús. (sí, está bien escrito, lo acabo de chequear con google). Pero de sacrificio nada. Lo que se gana es muchísimo más motivante que lo que se pierde.

Por fortuna mi decisión de ser vegana ocurrió simultáneamente con un auge mundial de la cosa y eso lleva implícito una serie de ventajas y desventajas. De las desventajas hablaré, tal vez, en otro momento.

El saldo, by the way, sigue siendo a favor.




2 comentarios:

  1. Anónimo16:24

    Muy coherente, muy bien :)

    Go vegan ;)

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Gracias