30/7/09

Desayuno americano.12

En El Grosellar

Vero había alcanzado a llamar a Nicolás Pierri antes de que le sacaran el celular y la empujaran dentro de la Ducato, por eso estaba alerta a los sonidos exteriores. Por suerte el fotógrafo se había quedado en el Casino Central y alcanzó a salir para ver justo cuando los subían a la camioneta. Decidió seguirlos por su cuenta sin dar parte a la policía, considerando que nunca llegaban a tiempo.

Aprovechó cuando los de la camioneta se detuvieron en un semáforo para cruzar el auto por delante y lo que siguió parecía estar coordinado de antemano, aunque solo llevó unos segundos.

Cuando Verónica oyó la frenada inconfundible del Siena codeó a Savir, se sacó la venda y con la llave cruz que había tomado disimuladamente desmayó al hombre de la voz grave. Savir al mismo tiempo inmovilizó al chofer haciendo un gancho con el brazo sobre su cuello y Nicolás abrió la puerta trasera de la camioneta.

Esa gente los había subestimado o no eran secuestradores con experiencia, había resultado muy fácil burlarlos.

Como sincronizados por un reloj interno, los tres se subieron al Siena que haciendo chirriar las gomas se internó en las callecitas sinuosas del barrio Constitución.
Cuando los hombres de la camioneta reaccionaron, Savir y Verónica entraban a un chalet del barrio El grosellar haciendo saltar la cerradura y guardaban el auto en el garaje. Nicolás salía a pié a buscar celulares de reemplazo.

- No quiero dar parte a la policía…

Era la frase que Savir repetía insistentemente.

- Tranquilo, no pensamos dar parte a nadie por ahora

Dijo Vero con suavidad controlando la situación.

- ¿Qué haremos si los dueños de casa aparecen? Insistió el hindú una vez instalados.

- Conozco a los dueños de casa, no vendrán. ¿Qué tal si nos relajamos? Dijo Verónica abriendo la heladera en busca de algo indefinido.

- Para mí un té, por favor- Dijo Savir ocupando uno de los cómodos sillones junto a la ventana.

Lo que me faltaba- pensó Vero- el hindú está que se parte, pero que no sueñe con tenerme de mucama. Debería agradecerme que lo liberé.
Es hermosa. Pero quien es y que es lo que quiere- pensó Savir- actúa como si todo estuviera planeado.

En verdad no lo tranquilizaba que la mujer hubiera tomado el control, pero entre los tontos de la Ducato, los jefes de la Corporación y esta chica, prefería a la chica aunque tal vez fuera parte de lo mismo. Ya no confiaba en nadie aunque tuviera un cuerpo sensual y una mirada inteligente. Lo mejor sería seguirle la corriente.

Verónica sirvió el te para ambos y se sentó en el sillón de enfrente. Lo miró con una sonrisa bebiendo lentamente y evitó hacer preguntas. El estaba en su territorio, tenía lo que ella necesitaba y también tenía tiempo para averiguarlo.

El bebió su te con la misma lentitud, evaluaba sus movimientos y no podía evitar una cosquilla de inquietud. Pensó en Durga y deseó que nada de esto fuera verdad.

Ahora esta mujer extraña ocupaba todo su espacio, quería saber todo sobre ella.

Y tenía tiempo para averiguarlo.

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