13/7/09

Desayuno americano 2

El Dr. Rajnesh

Savir Rajnesh había nacido en Nueva Delhi en 1970. Hijo de un tendero y de una profesora de literatura, Savir había elegido desde muy chico la carrera de medicina aunque también sentía atracción por la literatura, pasiones que más tarde se complementarían.

Su familia pertenecía a la clase media hindú que había incorporado la cultura occidental durante la ocupación inglesa, manteniendo vivas algunas de las costumbres familiares sin ser excesivamente estrictas.
Era un chico vivaz, con una inteligencia fuera de lo común, de inquietos ojos negros y sonrisa fácil, de carácter sereno y reflexivo.

Su elemental conocimiento de la religión le había sido transmitido de manera indirecta por su abuela paterna Meera, moderada practicante de la religión Hinduista, que con sus frases, sentencias y relatos místicos había dejado en él la impronta de la sabiduría intuitiva.

Desde los primeros años de vida Savir quedaba al cuidado de la amorosa anciana, quien entre otras virtudes, tenía la de cocinar platos exquisitamente condimentados a la usanza hindú.
Si tuviera que elegir los lugares más significativos de su infancia, Savir elegiría la cocina de abuela Meera, llena del aroma a curry y otras especies que elegían en el mercado, en los almuerzos que a menudo compartía con su prima Durga, o el paseo obligado de todos los 15 de Agosto, día de la República y cumpleaños del Mahatma Gandhi cuando la anciana los llevaba a ambos a los festejos donde se manifestaba la gran diversidad cultural y religiosa del país. Ese día todo el mundo en Delhi salía a remontar sus cometas, símbolos de la libertad. El y Durga competían a quien las hacía llegar más alto y él siempre la dejaba ganar.

Si tuviera que elegir alguna imagen de la adolescencia, sin dudas Savir elegiría a Durga, bella morena, riendo y mostrando sus incipientes senos de pezones erectos, incitándolo a la exploración mutua de los cuerpos en sus primeros juegos sexuales en pareja.

Y si tuviera que escoger un momento de dolorosa confusión sería la tarde en que ella anunció con solemnidad que se iba a África con un grupo misionero a prestar servicios como voluntaria.

Su partida dejó a Savir con la impresión de que nunca más volvería a amar a una mujer como había amado a Durga. Impresión que se mantendría a lo largo de los años, a pesar de tener toda clase de romances con toda clase de mujeres de su raza y de otras.
La repentina y trágica muerte de su padre sumió a Savir en una crisis profunda y lo colocó en la difícil posición de hacerse cargo de su madre enferma y su abuela ya muy anciana, al mismo tiempo de cursar sus estudios secundarios y medios.

Ninguna circunstancia haría que abandonara la decisión de ser médico, por lo que alternando la atención del negocio familiar con el estudio, pasó gran parte de su adolescencia entre fardos de tela, libros y una añoranza permanente por Durga y sus años ligeros.

Casi al mismo tiempo en que Verónica Lamas se subía al micro rumbo a Bariloche en viaje de egresados, Savir Rajnesh enterraba a su amada abuela Meera y con ella parte de su infancia en Nueva Delhi.

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2 comentarios:

  1. ohhh, multifacética lils, me gustan las novelas. interesante historia...

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  2. Algunos ya la leyeron en mi viejo blog, Cla, pero tenía ganas de repostearla. Besos!

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Gracias