29/7/09

Desayuno americano 7

Sin culpa

El departamento de Sabrina Luque- la Colo – era un tres ambientes distinguido en pleno Belgrano R y Verónica se sintió inmediatamente en su hábitat, con el confort y la independencia que un ser indomable como ella se merecía.

Una vez inscripta en la Facultad de Comunicación social había que ver como se sobrevivía. Sabrina tenía muy creativas ideas al respecto y no tardaron en ponerse de acuerdo y concretarlas.

Unos pisos más abajo vivía Vivienne, el travesti más glamoroso y bien relacionado, con su creciente agenda de clientes. La ascendente fama de Vivienne hacía que muchos de ellos quedaran sin atender por falta de tiempo.

Con el patrocinio desinteresado de Vivienne, Vero y la Colo se convirtieron en putas de lujo sin culpa ni remilgos.

Verónica no se justificaba, no lo hacía por necesidad ni por desengaño, era simplemente un medio para costear sus estudios y llevar una vida sin privaciones ni sacrificios.

Alquilaba su cuerpo como quien alquila un traje, sin dejar nada en el intercambio, sin perder nada.

Su target de clientes provenía del mundo del espectáculo o del sector empresarial, eran hombres mayores que cuidaban su imagen y exigían discreción; extranjeros que venían al país por negocios. Nada de políticos o narcos, había códigos que se respetaban.
Con el tiempo llegaron a atender en exclusividad a una docena de clientes fijos que pagaban bien y no complicaban. Entre las dos reunían plata suficiente como para sostener el departamento y se daban el lujo de ser selectivas.

Vivienne resultó una excelente amiga –como todo travesti o gay – y más adelante su poder de relación en el medio periodístico le serviría para conectarla con gente importante.

Verónica no parecía tener ni tiempo ni inquietudes para con su vida sentimental. A ella los tipos comunes no le movían un pelo. Solo sentía interés por algunos hombres de inteligencia superior que podían contarse con los dedos de una mano y sobraba.

Uno de ellos era Claudio Lencina, su profesor de sociología que además conducía un programa periodístico en un canal de cable.

Claudio amaba la docencia y después de la clase se quedaban por horas charlando en el bar de la facultad o caminaban por Buenos Aires hasta que los vencía el cansancio. Paradójicamente, el filósofo nunca pasó de ser un amor platónico, y ella casi lo prefería así.
La Colo vivía saltando de amor en amor en relaciones escandalosas y exageradamente emotivas, lo que terminó perjudicando su salud, al punto que vivir con ella significaba ser espectadora de un melodrama continuo, por lo que dejó a la amiga y se mudó sola a un mono ambiente a dos cuadras del Botánico donde pudo dedicarse enteramente a sus estudios y sus, para entonces, tres únicos y exclusivos clientes: un escritor famoso que disfrutaba más hablar con ella que coger, un septuagenario ciego que quería que le leyera mientras él acariciaba su cuerpo desnudo y el empresario norteamericano que venía con su secretaria y le dejaba 1000 dólares por cada encuentro trilateral.

Así, fácil y suavemente, Verónica Lamas obtuvo su titulo. En noviembre de 1995 entró a trabajar como productora ejecutiva del nuevo programa del Profe Lencina, en el canal de cable y dejó de alquilarse pues ya había ahorrado lo suficiente.

Fue en 1998 y en ese mismo canal que conoció al Dr. Dopra cuando dio su primera conferencia en Buenos Aires y los periodistas de Nueva era lo entrevistaron.

Ese era el tipo de hombre del que ella podía enamorarse, pero tuvo que conformarse con una dedicatoria de puño y letra en un libro que leyó más de 10 veces y que atesoró por los años de los años.

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2 comentarios:

  1. ups! lluvia de capítulos! renovación de escenografía, nuevo blog compartido..(no hay nada aún no?) good!! sigo leyendo mientras puedo....;-)

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  2. El año nuevo Maya, Cla. Es eso. :-)

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Gracias