1/8/09

Desayuno americano.17

El plan

Los seis hombres armados bajaron de dos vehículos, caminaron entre los árboles acercándose al lugar de donde provenía la señal. Hicieron silencio, apagaron el Handy y en cincuenta metros llegaron al objetivo. Estaban a doscientos metros de la rotonda de Constitución y Champagnat. Avanzaron con sus armas en alto formando un círculo humano del que nadie podría escapar. Tenían órdenes de capturarlos vivos. La señal luminosa y potente indicaba que los tenían rodeados, se acercaron dando la voz de alto y... el Siena blanco estaba vacío, con el celular dentro de la guantera.

Nicolás Pierri, debajo de un anorak con capucha, salió de su escondite caminando hasta la parada de colectivos, le hizo señas al micro que venía por Champagnat, sacó su boleto a Retiro y se sentó tranquilamente a leer el diario La Capital.

Savir y Verónica tomaron un remise que los llevó por la 226 hasta el peaje de Tandil donde esperarían el auto blindado que Naveen Dopra había conseguido por intermedio de la embajada de la India en Buenos Aires, usando el sistema de comunicaciones encriptadas que utilizan las embajadas.
El plan de Nicolás Pierri había funcionado sin inconvenientes.

- ¿Tu fotógrafo es experto en comunicaciones o agente secreto?- preguntó Savir con cierta intriga.
- Ninguna de las dos cosas, se leyó todos los libros de David Brown- contestó Verónica.

Dos horas más tarde, cuando ellos estaban en camino, Sabrina, el BMW y el chofer de Vivienne, seguidos de lejos por una Hilux oscura, entraban a Mar del Plata por Avda Luro, daban un largo paseo por la costa y finalmente se detenían en Miramar a almorzar.
Cuando la Colo recibió, con su chip nuevo, la llamada que confirmaba que todos estaban a salvo, le indicó al chofer que era hora de volver a Buenos Aires.

Pero antes, caminó hasta la Hilux estacionada con dos hombres arriba, les pidió fuego y les dijo tranquilamente.
- Chicos, vayan a descansar un rato. Lo que ustedes buscan no está en este lugar.
Y salió moviendo las caderas de forma exagerada.

En el viaje desde Tandil a Buenos Aires, aislados en la intimidad de la parte trasera, separada del chofer y los custodios por un vidrio blindado, Savir y Verónica tuvieron tiempo de hablar de lo que más les interesaba, por el momento.
-…entonces, aislamos las substancias que habían curado a Eloise y comprobamos que podíamos sintetizarlas en una suspensión que mezclada con agua vitaminizada reúne las condiciones para ser fabricada en grandes cantidades sin perder la eficacia. La recuperación de Durga fue inmediata. No hay rastros del virus en su sangre y los diez voluntarios tratados hasta el momento han tenido una recuperación del 100%... Podemos decir que con este tratamiento, el SIDA ya es cosa del pasado.
- ¿Por qué no hicieron el anuncio en Los ángeles, por que esta historia de viajar al Congreso y toda esa complicación? Preguntó Verónica con su habitual sentido práctico.
- Verás, no es tan sencillo. Los medicamentos antes de ser registrados deben pasar por una investigación de los organismos de salud estatal. El negocio del medicamento mueve billones y como en todo negocio hay intereses, funcionarios corruptos y una lucha sin ética por mantener los monopolios. Temíamos que si seguíamos el procedimiento normal para estos casos, nuestro descubrimiento caería en manos inadecuadas…por eso decidimos hacer el anuncio públicamente en un país neutral. Pero la información se filtró y el resto…ya lo sabes.

En ese momento el chofer estacionaba el auto frente al edificio de la editorial Nuevo Paradigma, donde todos los medios de prensa nacionales y extranjeros, esperaban alborotados la llegada del médico hindú que tenía una fabulosa primicia para comunicar.

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