28/8/09

El candidato. Parte 3


Herencia
Cuando Pablo Reyes volvió a su casa a media noche sintió el frío y el silencio como una bofetada. Eliana siempre lo esperaba, a la hora que fuera, con la cena lista y mirando televisión. Fue a la habitación con la esperanza de encontrarla durmiendo pero en cambio notó que faltaba un bolso y había huecos donde antes estaban sus cosas.
-¡La muy puta! ¡Se fue!. Seguro que se consiguió otro macho ¡si yo me la veía venir!. Tenía razón el viejo, las mujeres son putas y desagradecidas.
Sin embargo, lejos de resignarse pensó en recuperarla a cualquier precio. La madre seguro sabía algo. La otra puta vieja iba a tener que confesar.
Ana vio la luz de furia que ya había visto tantas veces en su marido pero en los ojos de Pablo y ante esa amenaza no pudo evitar contar con lujo de detalles la conversación que había tenido con su hija horas atrás.
Pablo apeló a sus conocidos en la fuerza policial y acusó a Eliana de robo, lo que puso a toda la policía de Cinco esquinas abocada a la búsqueda de la menor fugitiva y ladrona.
-Andá tranquilo, nomás.- le dijo el oficial Ciprés.- No bien tengamos noticias de ella te avisamos. No debe andar muy lejos.
Eliana trataba de cubrirse con la campera de jean pero el aire acondicionado del micro estaba tan fuerte que no podía dormirse. Hacía 15 minutos que habían salido de la terminal cuando vio las luces del patrullero que se ponía a la par y hacía señas al chofer para que se detuviera. Nunca imaginó que la buscaban a ella.
Mientras viajaba esposada como una delincuente, supo que tendría que guardar, por ahora, sus sueños de independencia y reservar para más adelante el impulso que la llevaba a romper con la historia familiar de resignación ante el abuso.

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