30/8/09

El candidato. Parte 6

Casualidad


-¡Señora Alenka! ¡Señora Alenka!
- ¿Qué pasa, mujer, con tanto grito?
- Señora Alenka.- dijo la mujer con la respiración agitada.- en el cuartito de herramientas hay una chica tirada…parece desmayada…
Alenka miró a la chica que recibía de lleno el sol en la cara sin inmutarse, apreció sus largas y oscuras pestañas arqueadas, su cabeza coronada de negro azabache. Estaba apenas cubierta por una lona y yacía en posición fetal. Acercó su mano a la nariz de la joven y sintió su tibia respiración.
Entonces Eliana abrió los ojos y se cubrió instintivamente la cara con las manos al tiempo que daba un salto y se ponia de pié ante las dos mujeres que la miraban con curiosidad.
Notó una mirada compasiva en ambas y eso le dio un poco de confianza.
-Perdón, no quise…no quiero molestar…ya me voy…
- No creo que estés en condiciones de irte así.- dijo Alenka.- creo que deberías tomar algo caliente primero. Vamos adentro y si querés me contás que te pasó.
Eliana sintió que podía confiar en aquella mujer de ojos claros y mirada dulce, pálida como la nieve, de rasgos finos que la trataba tan amablemente. El ambiente hogareño y cálido, con voces infantiles que venían de la planta alta la reconfortó. Le contó su historia obviando algunos detalles y maquillando otros, no quería delatar al ex compañero que la había ayudado a huir.

Al finalizar el relato, Alenka le dijo que no era necesario que huyera a Buenos Aires para protegerse y prometió hablar con su marido para que le consiguiera un trabajo digno y le ofreció su casa para que se hospede por un tiempo.
-Nosotros ya tenemos el personal necesario en casa, pero mientras tanto podrías colaborar con el cuidado de los chicos ¿te gustan los chicos?

Al atardecer Alenka puso en conocimiento de la situación a su esposo, quien inusualmente tomó con muy buen talante la causa solidaria de su adorable esposa.
-¿Dónde está la chica? .- preguntó con interés.
- Eliana, ¿podés bajar que Rodolfo te quiere conocer?.- dijo en un tono más alto Alenka.
Cuando Eliana balanceando sus largas piernas bajó por la escalera, Rodolfo Carreño murmuró para sus adentros:
- Parece que hoy es mi día de suerte. Esta muñeca es justo lo que necesitaba.

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