8/9/09

Toda mi fortuna y frases hechas 5

Sin embargo la reacción de Sebastián me puso en alerta. ¿Qué estaba haciendo? ¿Lo quería impresionar al diputado, un hombre de mundo, con gran experiencia, que podía tener todas las mujeres que quisiera, presentándome como una joven prostituta come hombres en plan geisha? Si yo no era eso. En medio de ese torbellino de claridad de conciencia llamó Fran diciendo que había tenido una demora imprevista y que llegaría veinte minutos más tarde.
 El tiempo suficiente para cambiar el decorado, me dije, y guardé velas, encendí luces y cambié la música chill out por un CD de música celta que usaba para relajarme al escribir. Los almohadones los dejé, tirados como al descuido en los rincones y sobre el sofá. Guardé el kimono y me vestí normal, con un jean, un sweter con cuello alto y botas de taco bajo. Más adelante, comprobaría que la llegada de Sebastián y su comentario fue providencial. Es increíble como unos mínimos cambios en la decoración y la vestimenta pueden influir en el destino de una persona.


El diputado llegó puntual con los veinte minutos de retraso anunciados. Me volvió a saludar con un beso en la mejilla y en el ascensor me tocó la punta de la nariz que tenía todavía la mancha roja de rouge y se rió diciendome:
-Sos un personaje.
Su gesto y su actitud relajada me infundieron el soplo de confianza que me faltaba, y nos sentamos a charlar en el sofá previo ofrecimiento de café que rechazó y para mi sorpresa prefirió tomar mate.
Cuando me disponía a prender el grabador me frenó con la mano y me dijo mirándome a los ojos:
-Esperá. Yo estoy con tiempo suficiente y me gustaría que primero me hablaras de vos. De tu vida, tus proyectos, tus circunstancias, tus anhelos.
Yo no solía hablar mucho de mi misma salvo con mis amigas, e incluso en ese caso era más propensa a escuchar que a hablar. Pero esa tarde-noche, con el diputado en franco plan de escucha me abrí y como nunca hablé de mis cosas con total amplitud y sinceridad. Le hablé de mi carrera, de mis metas profesionales, de mi deseo de convertirme en una escritora de renombre, de mis tropiezos económicos, y también hablé de mis relaciones sentimentales pasadas, de mi soledad presente y de mi escaso interés en el matrimonio.
Cuando llegué a ese punto ensayó algo así como un "nunca estuviste enamorada" y yo no supe que contestar. En realidad, nunca había pensado en esa posibilidad.
Cuando me quedé callada después de hablar durante cuarenta minutos, yo esperé creyendo que había llegado su momento. Pero con la actitud de alguien que acaba de tomar una decisión se levantó, me pidió que buscara un abrigo y me dijo que iríamos a un lugar que quería mostrarme.
Cuando bajábamos en el ascensor volvió a tocarme suavemente la punta de la nariz con el dedo índice:
- Sos un personaje. Un personaje increíble.
Viajamos hablando de generalidades, el tiempo, el tránsito y todos los tópicos que surgen cuando uno quiere dar una sorpresa y el otro no se atreve a preguntar para no romper la magia.
Salimos de la ciudad hasta llegar a un pequeño barrio residencial en las afueras, como a veinte minutos de la autopista.
-Ya llegamos.- me dijo entrando el coche por un camino de grava bordeado de grandes árboles y luego entramos en un garaje cuyo portón abrió con el control remoto.
Era un chalet no muy grande de construcción antigua y techo a dos aguas rodeado por un muy bien mantenido jardín. Estaba deshabitado.
-En esta casa me crié yo. Acá pasé mis primeros años, como hasta los 10 u 11, era de mis abuelos. Esta un poco descuidado, pero con una mano de pintura y algunas refacciones queda impecable. ¿Te gusta?. Me preguntó abriendo la puerta de una sala que me dejó sin palabras. Era una inmensa biblioteca con tres paredes cubiertas de estantes repletos de libros hasta el techo, en la pared restante había un ventanal-balcón que daba al parque con una vista de ensueño. Sobre un antiguo escritorio Luis XV había una máquina de escribir Olivetti de teclas redondas con sus letras casi borradas.
Acaricié las teclas en trance y entre sueños le escuché decir que su abuela escribía, que esta era su sala y que ella la había decorado enteramente a su gusto y que cuando murió su abuelo, a los 85 años, ella se pasaba horas encerrada en esa sala, escribiendo, leyendo y lamentando no haber dedicado toda su energía a esta pasión por haber elegido atender a una familia numerosa.
Finalmente, como entre sueños, lo oí decir que si yo estaba de acuerdo, podía mudarme a esa casa, dedicarme a escribir y que él se haría cargo de mi subsistencia hasta que mi novela saliera publicada.
- No creas que lo hago de puro generoso, tengo dos razones para ofrecerte esto, la primera, como te imaginarás, es honrar la memoria de mi abuela que no pudo concretar su sueño, ni bien te conocí me recordaste mucho a ella y por eso me interesé en tus proyectos, incluso busqué material tuyo en Internet y leí tus blogs. La segunda razón es puramente comercial: estoy absolutamente convencido de que esto es un negocio a mediano plazo y conveniente para ambos. Cuando tus libros sean best seller me vas a devolver con creces la inversión.

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