9/9/09

Toda mi fortuna y frases hechas 6

Amaneció. Hace unos minutos que los pajaritos- ignoro de que raza o denominación- cantan, van y vienen, se acercan a picotear algo que les tira Matilde, la mujer del casero, y luego se posan sobre las barandas de madera del balcón. Hasta he creído sorprenderlos mirando para adentro algunos segundos, como buscando algo o a alguien.
Todavía no sé el nombre de la mayoría de los árboles y arbustos y frutales que rodean la casa quinta, ni de las matas que florecen en los canteros, porque mi conocimiento de botánica es casi nulo y mi experiencia en jardines es directamente menos diez, igual que mi reconocimiento de aves. Tal vez los pajaritos tengan inteligencia y noten el cambio, la verdad es que mi laptop sobre el escritorio Luis XV no tiene nada que ver y que una chica escribiendo en lugar de la anciana a la que estaban acostumbrados desconcierta a cualquiera.

Hace aproximadamente doce horas que estoy sentada acá, escribiendo en este archivo Word algo que supongo será un ayuda-memoria para cuando pase el tiempo y ni yo misma crea que esto sucedió de verdad. “A fin de recordarlo…” el principito repetía las enseñanzas del zorro, “a fin de recordarlo…” yo escribo.
Tal vez lo lean mis hijos -¿los tendré?- o mis nuevos amigos por conocer, los que no protagonizaron este cuento de hadas en el que alguien me metió el día que me choqué con el diputado en los pasillos del Congreso.
Es natural, ya que ni Violeta, ni Claudia, ni Sebastián, que fueron los únicos que supieron todo desde el principio, me creían cuando hace una semana les dije que me mudaba a esta casa y todo lo demás.

-¡Te odiamos!.- me dijeron a dúo las chicas.- antes de darme una buena manteada con sus carteras en plena vereda.
En realidad no me odian, lo del “odio” es un código nuestro, un código de humor y complicidad. Un código de amigos. De esos amigos que uno sabe que nunca, por nada del mundo, te van a defraudar, porque comparten genéticamente los mismos códigos implícitos.

Hace una semana que llegué con mis cosas y que entre risas, llantos y la más absoluta incredulidad, recorro esta casa y acaricio las paredes, los muebles, los cortinados, las flores del patio, la corteza de los árboles, que me tiro dando vueltas carnero en la cama con baldaquín, sintiéndome una Scherazade con exceso de testosterona.

Hace una semana que hago todas las estupideces que me son posibles, pero hasta anoche no me había animado a sentarme a escribir en el escritorio de la abuela, que me mira desde el retrato al óleo haciéndome toda clase de guiños que me resisto a aceptar como reales.

Fran me dejó en libertad de acción durante la mudanza y el período de adaptación. Se limitó a dar órdenes e instrucciones a la pareja de caseros que vive en la casita del fondo para que no me falte nada y con palmadas cariñosas y sonrisas protectoras, se despidió de mí y no lo volví a ver hasta ayer a la tarde.

Caminamos por el parque y se esmeró en darme una clase práctica sobre los árboles y sus nombres, relatándome hazañas infantiles de trepador incansable de eucaliptos y pinos. Yo, con mi currículum de gris niñez urbana, no podía aportar un solo bocadillo a la charla, por lo que no hice más que abrir la boca y mirarlo. Aunque a decir verdad, en presencia del diputado yo no parezco tener capacidad para hacer otra cosa.

Desconcertada. Desequilibrada. Emocionalmente tullida. Disfuncional. Sentimentalmente discapacitada.

Estos y otros calificativos similares, todos recibidos por mail de puño y tecla de Claudia o Violeta, indistintamente, pueden describir parcialmente el estado en que me encuentro desde que empezó esta historia con el diputado. Pero ese estado se elevó al rango de terapia intermedia luego de la charla que tuvimos anoche después de la cena. Bah, mejor dicho del discurso que hizo el diputado ante un mono-auditorio silencioso.

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7 comentarios:

  1. Anónimo3:38

    ¡A mi no me maree, ¿eh?! Me va desparramando capítulos aquí y allí, en este y el otro blog, y no doy a basto a controlar todos los frentes para no perderme nada joe!!
    :-)

    Este antecede algo gordo... lo estoy viendo "de venir". En fin, me pondré las alarmas para estar atenta. La conversación esa, no me la pierdo.

    Besos amiga!

    Gallegoland

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  2. jajajajaa!!! genial. no puedo parar de reírme. qué divertido cómo escribís!!!! te imagino con la boca abierta mandando monosílabos ante el colorau.. ah no era morochio, no?

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  3. Galle, de acá para adelante solo publicaré esta historia acá. Igual pienso dejar miguitas de pan en el camino así no se pierde. :-) besooos

    Cla, morochio o colorado, dejémoslo ahi para que no me demanden! jaja
    Sabés que? Que yo me divierto tanto escribiendo así, y después se los leo a mis hijos y ellos se matan de la risa, entonces siento que el texto está aprobado, jaja!

    Salutatis

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  4. Anónimo23:22

    jaja un hallazgo este relato y el estilo, impecable. Por acá también se aprueba y se agradece este soplo de frescura que nos regalás.

    Ramiro

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  5. A vos se te agradece la consecuencia. Mucho!

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  6. Anónimo20:56

    Bueno te seguí por aquí y encontré este maravilloso post!
    Te sigo leyendo
    Besos!!

    Elena Giorgi

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  7. Gracias Elena, me alegra que te habya gustado el capítulo.
    Besos

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Gracias