8/9/09

Toda mi fortuna y frases hechas 3

"ESTAMOS HECHOS DEL MISMO MATERIAL DE QUE ESTÁN HECHOS LOS SUEÑOS" SHAKESPEARE


Contrariando mis más tenebrosos pronósticos, el diputado – cuyo nombre real mantendré en reserva por un pacto de honor preexistente y que llamaré con el nombre ficticio "Fran" – parecía sentirse en su hábitat con un grabador sobre el escritorio registrando el racconto de anécdotas de su vida política. Yo me felicitaba por haber puesto en el maletín, como todos los días, el grabador portátil que me había regalado papá para mi graduación y que aún no había estrenado. Mujer prevenida vale por dos.
Fran de vez en cuando cambiaba los roles y me hacía preguntas él a mí, entonces yo tenía que bajar a tierra para responder. El resto del tiempo floté en un limbo donde su cuello, su mentón, sus hombros, su pelo y sus manos movedizas ocupaban todo el espacio. Y eso porque estaba sentado y no podía ver a través del escritorio.

En esos tiempos, todavía no podía definir que era lo que me atraía tanto del diputado. Las arruguitas alrededor de los ojos hablaban de un hombre cercano a la cincuentena muy bien llevada, cosa que lo colocaba muy por encima de mi target con casi 25 años en contra. Hasta ese momento mi experiencia sentimental se reducía a un par de noviazgos largos y sosos, de esos que te dejan la cabeza libre para estudiar y planificar tu vida profesional. Nada de rollos de formar una familia y esas antigüedades, mi única obsesión era terminar mi novela, publicarla y ganarme un espacio y un nombre en el ámbito literario y todo lo que me condujera más rápido a esa meta era válido. -Incluso dejarme seducir por un hombre casado e influyente que mostraba un indisimulado interés en mí, mis proyectos y mi cotidianeidad.-

Lo cierto es que en ese día que había empezado con el pié izquierdo se confirmó la veracidad del refrán que dice que un mal principio es señal de un buen final, porque ese día se sentaron las bases de una relación con viscisitudes que solo habían existido en mis sueños más salvajes. Perode eso hablaremos más adelante. Que emoción.

Fran miró el reloj de primerísima marca que llevaba en su muñeca derecha y con tono compungido me dijo:
-Lástima. Me tengo que ir. Supongo que estarás de acuerdo en que sigamos en otro momento con la charla.
-Claro, faltaba más. – dije yo maldiciendo por haber apelado otra vez al lugar común.
- Y ¿Qué te parece si en lugar de encontrarnos acá, lo hacemos en un lugar más tranquilo y privado, digo, algún bar o cosa por el estilo.?
El "si" me brotó antes de que terminara la frase y se me debe haber notado la alegría, ya que el diputado me anotó en el dorso de una tarjeta un número de celular y me pidió el mío. Gol. Golazo de media cancha.

Estiré la mano para despedirme y Fran me la tomó y con un suave tirón me atrajo la cara y me dio un casto besito en la mejilla izquierda, dejándome impregnado su perfume, lo que hizo que no quisiera lavarme la cara por el resto de mis días. A pesar de ser otro lugar común.
Como dato anecdótico diré que el viaje de vuelta en el colectivo no lo recuerdo, no se si viajé parada o sentada, hay una laguna mental desde que salí del despacho y llegué al departamento, donde caí de nuevo en la puta realidad.

Violeta desarmaba valijas y cajas en medio de un ataque de llanto.
-Discutí con Sebastián. Se puede ir a la mierda. Ni en pedo me voy a vivir con un tarado como él.
La abracé en una muestra de solidaridad aunque por dentro pensara que las amigas que cambian de idea como de calzones son una constante en mi vida y por algo será. Entonces su sensible olfato aspiró el perfume a hombre.
-¡Mmmmm! ¿Con quien estuviste, nena, que olía tan bien? ¡Contame ya mismo!. Me dijo secándose las lágrimas con la manga y poniendo la pava al fuego, gesto que significaba que tendríamos una charla íntima mientras tomábamos mate.
Le sonreí a pesar de que por dentro pensara que la ciclotimia de mis amigas me tenía podrida.
- Mirá, yo te cuento todo.- le dije- pero primero dejame putearte por haberme arruinado la posibilidad de traer al diputado al único lugar privado que tenía en mente.

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