18/1/10

Proyecto Sun Capítulo final


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Capítulo final
Todo en Uno
Radam Manek deslizó la camilla en que Sun dormía hasta la cámara secreta del Templo Mayor escoltado por dos monjes budistas. Allí lo esperaban los maestros del supremo tribunal de la Colonia Suryan, en quienes recaía la responsabilidad de resolución de los conflictos que pusieran en peligro la continuidad del proyecto.
Algo nervioso, Manek les relató objetivamente los hechos, sin omitir el detalle de la conducta de Kathia, avergonzado por no haber sabido prever que la actitud de su asistente y amante traería problemas graves.
El era solo un científico al servicio de una misión superior y su percepción era la mayoría de las veces limitada a su investigación, se excusó ante el tribunal.
Al cabo de media hora de deliberación, los maestros tomaron una decisión que a Manek le pareció equitativa y práctica. Solucionaba el problema de Sun o Tommy, de Jin y de Kathia, todo en Uno.
Dejó a Sun durmiendo en la cámara secreta y se despidió de ella con lágrimas en los ojos. Había aprendido a amarla como a si fuera su hija. En cierto modo lo era.
Ahora su destino estaba en las compasivas manos de los maestros. Con una sensación de alivio cruzó la explanada del templo y se dirigió al laboratorio. Solo le restaba cumplir con su parte del plan: sacar del medio a Kathia. En el fondo de su corazón, sintió pena por esa mujer. Después de todo había intimado con ella, aunque nunca había llegado a amarla. Pero ella se empeñaba en permanecer atada a sus instintos más primarios y eso le impedía evolucionar a formas superiores de ser. No era su culpa, se repitió una y otra vez.

Jin y Tommy
-¡Tommy! ¡Tommy! Despabilate, por favor, la salida del micro es a las 7 y todavía tenemos que desayunar.
Tommy se tapó la cabeza con la sábana y murmuró una protesta.
-Es mi luna de miel, loco, déjenme en paz, quiero dormir. La ciudadela puede esperar…
-Si no te levantás ya, me voy solo.- Dijo Jin apoyando la bandeja con el desayuno al costado de la cama de dos plazas.
Tomás asomó la cabeza debajo de las sábanas.
- Uh. Tuve un sueño rarísimo. ¿Qué hora es?
- Las seis y media, si no te apurás perdemos el micro. Yo también tuve un sueño raro. Pero raro, raro…¡dale Tommy, please!
Tomás se miró en el espejo del baño del hotel. Su barba parecía demasiado crecida por ser que ayer se había afeitado. ¿O no había sido ayer?
- Pará, mi amor, me tengo que afeitar, así no puedo ir…
Se miró más de cerca. Sus ojos le producían una extraña sensación. ¿Cuánto hacía que no se miraba a los ojos?
Levantó los hombros y sacudió la cabeza. Se sentía raro, debía ser efecto del apunamiento. Todo estaba bien. Jin estaba apurándolo, impaciente, como siempre. En un rato estarían viendo la cima del Huaina que penetra las nubes como habían visto en las postales.
Todo estaba bien en su vida, amaba a Jin y Jin lo amaba y cumplirían el segundo sueño en una semana.
*
- ¡Te lo dije! Nuestro micro ya se fue. Siempre el mismo, vos.
- Dale, no te enojes. Esperamos el próximo…¿Qué importancia tiene llegar unos minutos más tarde? Vamos a tomar un te de coca mientras esperamos. Me siento raro, debe ser el apunamiento.
- Y si...minutos más, minutos menos, no nos va a cambiar la vida por eso-. Concluyó Jin.
El micro subía por el camino de tierra en forma de escalera de caracol. Jin pensaba, preocupado, que si el camino era de dos manos, subida y bajada, ojalá no se encontraran con otro micro que bajara a la misma velocidad que iban ellos porque el choque sería inevitable.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando el chofer aminoró la marcha y todos los pasajeros empezaron a alterarse y comentar a viva voz lo que veían por las ventanillas.
Un micro estaba atravesado en la ruta. Se oían gritos y pedidos de auxilio, había heridos y sangre por todos lados.
Instintivamente abrazó a Tommy para protegerlo.
- No bajemos. No bajemos. Quedate acá, mi amor, por favor.
Tommy parecía paralizado de terror, hasta que logró decir lo primero que le salió de la garganta.
-¡Deja vu!
- ¡Deja vu! – repitió Jin sin saber porqué.
Un enorme helicóptero sin identificación despegaba justo al lado del micro accidentado. Una mujer algo obesa agitaba los brazos en dirección a la máquina y gritaba inútilmente.
- ¡No me dejen! ¡No me dejen, hijos de puta! ¡No me dejen, Manek bastardo hijo de tu madre! ¡No me dejen acá!
Unos minutos después llegó el primer móvil policial seguido por dos ambulancias.
Tommy se deshizo del abrazo de Jin y caminó como un autómata hasta la mujer que trataba de mezclarse entre los heridos. Jin lo seguía sin comprender del todo.
- ¡Ella! Ella es…¡detengan a esa mujer! ¡Ella bajó del helicóptero!-. Les decía a los policías.
- Si, es verdad-, dijo Jin sin pensar. Llamen al oficial Langdom del FBI. El sabe.
Kathia les dedicó una última mirada de odio mientras era esposada y subida al móvil. Jin y Tommy se miraron, sin poder explicarse que era lo que estaba pasando.
- Todo esto lo soñé…
- Yo también…

Epílogo
Tommy y Jin visitaron la ciudadela un día después de lo previsto. Están convencidos de que tuvieron un sueño premonitorio que les salvó la vida.
Sus vidas siguieron normalmente. Algunas veces se pelean. Sobre todo cuando Jin piensa en cosas que a Tommy le provocan celos. Jin nunca pudo explicarse como hace Tommy para adivinarle los pensamientos.
Algunas noches, Tommy sueña que es una chica japonesa y cuando se despierta agradece al universo por ser quien es.
El proyecto Sun continúa a cargo del Dr. Manek, que sin el acoso de Kathia está más productivo que nunca.
Kathia está detenida en una prisión de Los Ángeles. Trata de eludir el agotador interrogatorio del oficial Langdom ofreciéndole sexo oral, sin mayor éxito.
FIN

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