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Escala cromática. Café y Miel

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Estaba sin estar.
Acaso fuera este su peor pecado
o un conjuro que la mantuvo intacta,
a salvo de la vida y la entropía,
como flotando en el aroma
del primer café de sus mañanas.
Estaba sin estar.
Su entrega en el amor era apenas fragancia,
consistencia de miel,
un néctar sugerido
que no acaba de revelarse.
Tal vez por eso
todos los hombres fueron inquilinos,
mientras ella, con los ojos cerrados,
soltaba el pensamiento en dirección opuesta.
En dirección a Él.
A él, que fue moreno con ojos de gitano.
A él, que fue aniñado y rubio como un ángel.
A él, que siempre estaba en otra parte.
Estaba sin estar.
A veces me la cruzo en los espejos cuando abre los ojos.
Allí está con su esencia, a salvo de la vida y la entropía,
esperando al jinete que se atreva
a montar sus corceles indomables.
*

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