10/4/23

Gran hermano y el relato romántico

 Dice Yuval Noha Harari que el ser humano es, básicamente, un constructor de relatos que le dan sentido a la vida. Uno de los relatos favoritos es el romántico. Los que sentimos que encontrar al amor de nuestra vida le da sentido precisamente a nuestra existencia. ¿Qué tiene que ver esta afirmación con Gran Hermano? Lo desarrollamos a continuación. 

No se si por elección de la producción del programa o por proyección del conductor, este último Gran Hermano se transformó en una telenovela donde lo importante no era el juego en sí ni las estrategias ni la convivencia sino la formación de parejas (heterosexuales por supuesto, ya que el programa fue emitido por un canal que se arroga la representación de los valores familiares tradicionales) y gala tras gala vimos los esfuerzos de Santiago del Moro para instalar a rajatabla, romances entre los participantes aunque no sintieran la más mínima atracción entre ellos y declararan a viva voz que tenían una relación afuera de la casa y no pensaban traicionarla, como es el caso de Julieta Poggio. 

Lo cierto es que hubo varias parejas que surgieron en el reality y que aún después de haber salido de la casa continúan, aunque por “el voto del soberano” esas parejas que SI funcionaron fueron sistemáticamente desarmadas y condenadas a la separación momentánea. La insistencia del conductor estuvo siempre orientada a aquellas parejas que se resistían a serlo. Cono en las buenas novelas románticas de todos los tiempos, los amores difíciles son los que garpan. Y dan rating. 

Afuera, la audiencia del programa funcionaba de la misma manera, acompañando la obsesión del conductor, la obsesión de los fans por shippear cualquier pareja por el simple hecho de haber compartido un desayuno o una sonrisa, desplazó el interés por el juego. Fue un reality dominado por los shippeos, en su mayoría inexistentes y basados sólo en el deseo y la fantasía de los fanáticos. El juego y las estrategias quedaron relegados y hasta fueron castigados con la eliminación aquellos jugadores que se atrevieron a desafiar la consigna de familia Ingalls que propusieron desde arriba. 

Un capítulo aparte merece el ridículo intento de presentar como pareja y padres de la casa a Romina y Alfa, dos cavernícolas que aterrizaron y aterrorizaron al grupo de jóvenes. Y no hablo de la edad. 

Todos intentos fallidos, para desgracia del conductor que no se rindió nunca ante la evidencia y tiró, como último recurso, una boda falsa que los finalistas eludieron con habilidad proponiendo una boda entre tres. Viva la libertad sexual y la diversidad, jodete Telefe. 

Lo cierto es que si hubo un ship que tenía fundamentos y cantidad suficiente de evidencia pero fue ocultado y censurado por la producción: Agustin Guardis y Marcos Ginocchio, pero claro, no era lo que se esperaba  

Aquellos amantes del formato que pasamos horas viendo la transmisión en vivo por PlutoTv y observamos clips subidos por particulares a las redes sociales, sabemos que allí hubo una relación de profunda amistad y posible enamoramiento, nunca confirmado. 

Qué fue lo que pasó realmente entre ellos dos no lo sabemos y es posible que no lo sepamos nunca. A menos que los protagonistas se animen a contarlo algún día, ahora que están en libertad. 

O tal vez también nos hayamos dejado embaucar por el relato. Chi lo sa. 



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