4/10/09

Benito o Whatever

Si una experiencia contradice a una creencia, yo elijo la experiencia.

No estoy segura de casi nada. Las certezas absolutas me escasean, salvo para lo que es mi experiencia.
Cuando se tiene una experiencia que contradice una creencia, por lo general se elije la creencia, y así se coloca la etiqueta de “sobrenatural” a todo aquello que sucede por fuera de lo que la mayoría sostiene que es lo natural. Yo elijo la experiencia.
El problema surge cuando se quiere contar la experiencia, porque como bien dijo Lao Tsé, la verdad deja de ser la verdad cuando se la nombra.
En este marco filosófico intentaré contar mi experiencia con Benito o Whatever, usando palabras conocidas, como fantasma, pero que no son sino una aproximación semántica a la verdad.
Y como toda experiencia que a pesar de las limitaciones del lenguaje merece ser contada, esta tiene un comienzo.
Empezó en Bariloche hace como cuatro años.
Cuando Ignacio se mudó de la cabaña del barrio Las victorias creyó que había terminado su convivencia con esa cosa –todavía sin nombre- que se especializaba en asustar a la gente. Por ese entonces todavía usaba recursos de fantasma aficionado instalado en la periferia de la cabaña como vecino nuevo tanteando el ambiente antes de entrar en confianza. Sus corridas sobre el techo a dos aguas -resbaladizo por la nieve- y los golpes en los vidrios de las ventanas siempre eran a la hora en que los otros trataban de dormir. Trucos básicos de la profesión que siempre surten efecto y en este caso hicieron que Ignacio tuviera que aumentar las recompensas a quienes se animaran a quedarse cuidando la casa cuando él viajaba.
Cuando todos los serenos disponibles de Bariloche renunciaron pese a la paga generosa y los amigos desertaron pidiendo mil disculpas, aparecieron los chorros, quienes vaciaron de todo contenido tres veces la casa dejando al fantasma.
Lo cierto es que la mudanza de Ignacio al Km 3 de la calle Pioneros se debió más al condicionamiento del miedo sobre otros intereses en unos y a la reacción contraria ante el mismo conflicto en otros (los ladrones), que al propio accionar de la cosa sin nombre.
Dicho claramente, Ignacio se mudó a causa de conductas humanas y no fantasmales.
El tenía- y tiene- la misma actitud lúdica que yo ante las experiencias.
Por eso no dramatizó ni un poquito cuando se enteró de que la cosa- hasta ese momento sin nombre- lo había seguido hasta su nueva residencia de dos pisos frente al lago en la calle Pioneros.

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4 comentarios:

  1. Anónimo15:29

    ¿Estoy muy mayor, o a mi este me suena?....
    :-)

    Gallegoland

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  2. No, no estás muy mayor, Isa, te suena porque es el mismo Benito (o Whatever) de siempre. El protagonista no ha cambiado, lo que ha cambiado es el relato. :-)

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  3. PD: Y el cambio viene con actualización.

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  4. Anónimo3:40

    ¡Ah! pues voy volando a la actualización. ¿Qué lastima de cabeza que tengo, no? En fin...

    YO

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Gracias