4/10/09

Benito o Whatever II

Si bien la forma correcta de asimilar y contar una experiencia es enfocarse en lo experimentado por la primera persona del singular, a veces sucede que una misma experiencia involucra a varias personas y este es el caso que me ocupa.

La experiencia Benito o Whatever involucró a toda mi familia y algunos allegados, y aunque a la hora de ponerle nombre haya diversidad y hasta profundo desacuerdo, los hechos vividos fueron iguales para todos.
El nombre Benito surgió por una chispa de originalidad de Daniela, quien creyendo firmemente en espíritus del más allá que vuelven, no tardó en concluir que la casa estaba construida sobre un cementerio indio. Más tarde Bruno le agregó “o whatever”, aunque cabe aclarar que Bruno se lo agrega a cualquier cosa para la cual no tenga a mano una respuesta razonable.

El caso es que Ignacio, siendo el más directamente involucrado en el fenómeno porque éste tenia lugar por segunda vez en su casa de Bariloche, era el menos preocupado por buscarle una explicación o solución. El hecho de que Benito o Whatever ya se hubiera instalado dentro de la casa y se paseara por todos los ambientes no modificaba su despreocupación.

En la nueva casa frente al lago Benito estaba a sus anchas. Como no tenía capacidad para materializarse, su forma de hacerse notar era haciendo ruidos con cosas materiales.

La escalera con peldaños de madera era ideal para sus fines. Sus pasos bajando y subiendo se escuchaban desde cualquier ubicación. También tenía dominio sobre la red eléctrica, por lo que el apagado y encendido de lamparitas y la interferencia en la imagen del televisor eran pan de cada día.

Con el tiempo se fue perfeccionando. Aprendió a abrir y cerrar puertas y cambiar de lugar cosas livianas como atados de ropa sucia y zapatillas. Cuando todos estaban en los dormitorios de la planta baja, se dedicaba a frenéticas actividades culinarias o a revolver enérgicamente con la cucharita imaginarias tazas de te o café. Todos los habitantes de la casa y también quienes ocasionalmente pernoctaron en ella, en algún momento subieron esperando encontrar a alguien preparado el desayuno o el almuerzo y se encontraron con la cocina vacía.

Hasta aquí, tanto Ignacio como yo nos habíamos negado a aceptar conclusiones o consejos surgidos del sistema de creencias de otras personas. Desde el opinólogo amateur hasta el especialista matriculado sostenían que la presencia de un fantasma siempre es desfavorable y recomendaban alguna acción para liberarnos de él.

Solo cuando Abril vino varias veces a preguntarnos para que la llamábamos y nos dimos cuenta de que Benito o Whatever había adquirido la capacidad de imitar nuestras voces nos preocupamos un poquito.


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4 comentarios:

  1. Anónimo3:44

    Jejejeje. Ustedes es que son pelín despreocupados ¿eh?: dejan las cosas que "fluyan" demasiado joé!!
    :-)

    PD: Esta Abril...promete; chica lista...

    Besos!!

    YO:GALLEGOLAND

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  2. Corregido el texto: era Benito quien imitaba las voces, no Abril, pero tal como estaba redactado antes se prestaba a confusión.
    Besooooooos!
    Despreocupados? quienes? what are you talking about?
    Besoooooos

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  3. ups.. y si este benito/a está tratando de llamar la atención es para preocuparse.. un poquito.. je. sigo leyendo!

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  4. Y tanto llamó la atención, que se convirtió en el único fantasma con nombre y apellido de Bariloche y sus alrededores.
    Benito O'Whatever, de ascendencia irlandesa, Cla. Que tul.

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Gracias