7/9/09

Cuento de navidad. Capítulo 5. La otra mirada


Escritora: Lils

Ilustrador: Majofa
Cuento de Navidad 2008


La otra mirada

Los protagonistas de las fábulas tienen otra perspectiva de las cuestiones humanas, es por eso que Fernando, el palomo mensajero que estaba desocupado debido al progreso en las comunicaciones y aprovechaba para recorrer el país saludando a los amigos, observaba los sucesos con otra mirada.

Al pasar por Córdoba, supo que los tres jóvenes que compartían una mesa en el restauran, más que matar una ilusión habían roto un código, en cambio esos dos chicos de Monte Caseros lo habían respetado a ultranza, al igual que Rosa que, transpirando la gota gorda en Lanús, obedecía a tal punto los mandatos sociales que se obligaba a quedarse en casa en lugar de ir a descansar a la Feliz. como hubiera deseado.

Cuando pasó rápidamente por Isidro Casanova donde el Tortuga tocaba ese tema con su armónica, Fernando exclamó “¡¡¡no soporto el rap!!!” se calzó los auriculares del iPod y enfiló a toda velocidad para el sur escuchando a la negra Sosa.
Su recorrida finalizaba en Chubut, donde saludaría a sus amigos del zoológico de Rawson

Encontró una onda muy festiva. Todos los años en la semana de navidad se organizaba una velada de gala con la actuación estelar de los Sapos Cantores. El musical, con la participación de las Ranas Bailarinas, relataba el nacimiento de Joshua ben Joseph. popularmente conocido como Jesús. Esta tradición oral se había mantenido a través de los siglos con rigurosa fidelidad, según decían los organizadores.

Es sabido que a veces las historias sufren alteraciones según va pasando de relator a receptor, o son tergiversadas adrede con fines un tanto oscuros. Los sapos aseguraban que esta obra representaba el verdadero mensaje del Maestro.
Entre los habitantes del zoo había una parejita de lobos recién llegada que presenciaba los preparativos con curiosidad. Maika y Zack, que así se llamaban, permanecían en su cubil y no se les permitía salir ni siquiera esa noche de fiesta. Los lobos cargan con una oscura fama.
Desde su llegada Maika se había encerrado en el mutismo. Hacía poco que la habían capturado y su espíritu aventurero no soportaba el cautiverio.
- Aprovechemos esta noche que todos van a estar distraídos- dijo de pronto Maika- escapémonos.
- ¿Estás loca? ¿Escaparnos? Acá estamos seguros, tenemos techo y comida, no nos faltan amigos y nuestros futuros cachorros tendrán una educación formal -argumentaba Zack- además estamos encerrados ¿Cómo pensás salir?

Maika lo llevó hasta un rincón de la jaula donde había un hueco por debajo de la cerca.
- ¿Ves? Este hueco siempre ha estado ahí, es una señal. Detrás de esta cerca, está la libertad, está la vida. Es cuestión de dar el primer paso.
Maika esperó que empezara la velada y salió por el hueco, dejando a su compañero triste y paralizado por el temor.
Anduvo sigilosamente con paso de loba por los senderos del zoo, respiró profundo el aire de la noche sintiéndose inmensamente feliz. Cuando se iba alejando escuchó que los sapos contaban algo sobre el amor.

Nadie la detuvo en su camino hacia la ciudad. Antes de internarse en las montañas cercanas, había planeado conocer a los hombres, había oído hablar de las costumbres navideñas de los humanos y deseaba conocerlas. No tuvo en cuenta que su presencia en la ciudad despertaría temor o curiosidad.
Un grupo de chicos la descubrieron y como estaba hambrienta y cansada se dejó llevar hasta la casa de uno de ellos, donde la encerraron en el patio. Su sorpresa fue enorme cuando se encontró con un sapo y dos sapitas que cantaban debajo de un árbol, según le dijeron eran los Sapos Cantores Luteranos y recorrían el poblado contando la verdad sobre el nacimiento de un hombre extraordinario hacía dos mil años. Por cierto, lo que pudo escuchar de la historia era sutilmente diferente a la de los sapos del zoo.


Lo que Maika ignoraba, era que había infinitas versiones de la misma obra, aunque todos los sapos decían que la suya era la verdadera. Y si hubiera podido ir más allá del mundo cristiano, se encontraría con los Sapos Hebreos los Sapos Budistas y los Musulmanes representando sus tradiciones, tan disímiles y tan idénticas en algún punto.
Rodeada de los chicos que venían a ofrecerle comida y cariño, Maika sintió que solo el amor que le prodigaban esos cachorros de hombre hacía que el cautiverio pareciera menos penoso y comprendió la tendencia de los humanos a crear ataduras en nombre del amor, transformándolo en posesión. Ella sabía que sin libertad el amor es incapaz de florecer.
Algunas tradiciones no hacían más que reforzar esa idea de amor condicionado.
Y aunque el hueco debajo de la cerca siempre había estado allí, solo algunos podían verlo. Estaba segura que el día en que muchos se animaran a saltar del otro lado de la reja, toda la humanidad podría tener una Feliz Navidad todos los días del año.

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